Quién soy yo, con tantos fallos, para juzgar a los demás sin mirar primero lo que hay mi interior?

Molesta e, incluso duele, que nos juzguen personas cercanas, que no se han tomado tiempo para comprendernos. El discurso sobre los juicios puede llegar a ser problemático y complejo. ¿Cómo vivir sin juzgar? El juicio radica en el interior de cada uno de nosotros, a veces basta con una simple mirada escrutadora.
No podemos vivir, trabajar, mirar, escuchar, observar sin interpretar a los demás, sin opinar, sin valorar, es decir, sin juzgar. Sin embargo, no es tanto el juicio que hagamos el que debe desgajarse de nuestro corazón, ¡sino el veneno con el que juzgamos! Juzgar es condenar.
En nuestras relaciones con los demás tendemos a minimizar nuestras virtudes y magnificar los defectos ajenos cuando de manera habitual hacemos todo lo contrario, ensalzar nuestras virtudes y restar la de los otros. ¿Por qué no anteponemos nuestros defectos y ocultamos los defectos ajenos?
¡Tantas veces he juzgado mal por falta de información, porque lo que ha ocurrido no tiene que ver con la realidad, porque me he quedado con la parte visible adaptada mi conveniencia sin conocer la realidad, sin tratar de entender las razones del otro, sin comprender que nadie es perfecto, sin respetar otra forma de pensar y de actuar. No hace de quien juzga una mejor persona. Y, lógicamente, me siento mal. Y entonces me viene a la memoria un texto del apóstol a los Filipenses que busco en el móvil: “Haced perfecta mi alegría, manteniéndoos bien unidos. Tened un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagáis nada que provoque espíritu de discordia o de vanidad, y que sea la humildad la que os lleve a estimar a los otros como superiores a vosotros mismos”.
No sin antes recordar aquello que dijo a los Romanos sobre el juzgar a tu hermano y despreciarlo.

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¿Quién soy yo, Señor, con tantos fallos, errores y miserias, para juzgar a los demás sin mirar primero lo que hay mi interior? ¡Señor, ayúdame a no juzgar a los demás y rezar para tener tu misma mirada de amor, misericordia y perdón!
Hoy nos acompaña esta bella obra de Buxtehude, Cantate Domino BuxWV.

 

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