Nuestro destino es el amor

Ayer concluí una preciosa novela de Elizabeth von Arnim. Ambientada en un jardín de la región alemana de Pomerania, relata en primera persona la vida de una joven mujer que ve en las plantas y en los árboles una imagen de feliz rebeldía en contra de las reglas sociales de su tiempo. En su jardín están los libros que ama leer sentada en la hierba y están sus tres hijas pequeñas, que comparten con ella este paraíso terrenal. Este espacio consagrado a la naturaleza se convierte en un lugar de libertad y reflexión, un territorio donde los pequeños placeres cotidianos andan del brazo de la vida.
Es una novela donde el tiempo tiene un valor importante. Leo en la novela: «con los demás, rápido es lento; y lento es rápido». Cierro el libro y reflexiono. Los hombres necesitamos tiempo para plantearnos la vida para con nosotros, para con los que nos rodean y para con Dios. ¡Qué importante dedicarle un tiempo sosegado a Dios!
Darle tiempo a Dios no significa exigirle una fecha para que obre en nosotros y solucione nuestros problemas, significa buscar momentos de nuestra vida para dialogar con él.
Hemos de darle tiempo al “amor de los amores”. Darle tiempo a la Eucaristía. A la oración. Al Padre Nuestro. Al Espíritu Santo. A verlo en nuestras esposas, en nuestros hijos, en nuestros amigos, en nuestros hermanos o nuestros padres, en los “plastas” de nuestro trabajo, en nuestros vecinos, en el prójimo que sufre en cuerpo o en alma la necesidad del amor. En definitiva, en el hermano que se presenta en nuestro caminar cotidiano. Y darle tiempo, también, para que se haga presente en nuestras tareas cotidianas, en nuestros problemas y en nuestros éxitos.
“Nuestro destino es el amor”, escribe von Armin. Pienso: ¿No somos nosotros más que un milagro de la expresión del amor que Dios siembra en nuestra vida? Al igual que el árbol no trabaja para el fruto sino que lo hace para extenderse en sus semillas, lo mismo hemos de hacer nosotros: dediquemos un tiempo a visitar el Sagrario, a rezar el Rosario o la Divina Misericordia, a leer la Biblia, a saludar al Señor al pasar junto a un templo o contemplar a Dios en nuestros semejantes y creemos el hábito de entregar el amor y sembrarlo en todas las oportunidades que Dios nos ofrece cada día. ¡Menuda tarea! ¡Ingente pero hermosa!

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¡Te doy gracias, Señor, porque eres bueno, porque es constante y eterno tu amor conmigo! ¡Te doy gracias, Señor,  Dios de todo, porque en todo lo mío Tú intervienes, porque es constante y eterno  tu amor conmigo! ¡Tú haces grandes  maravillas: la potencia del Universo, el misterio de la Vida, la fuerza del Amor, mi propio ser….. porque es constante y eterno tu amor con todo y también conmigo!

Hoy quiero compartir una bellísima y breve canción polifónica francesa de Josquim de Prez, un compositor franco-flamenco de mediados del siglo XV que nos habla del tiempo perdido interpretada por Le Concert des Nations. Mille Regretz fue compuesta en 1520 para el emperador Carlos V. La traducción del francés reza así:

Mil pesares por abandonaros
y por alejar vuestro rostro amoroso
gran pesar y mucho duelo siento
que se me verá en breve al acabar mis días.

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