Contar con la cercanía del Amigo

Imagino la trascendencia de aquellos días en que Cristo oraba para que el Espíritu Santo le ayudara a elegir a los que serían sus discípulos. Doce hombres rudos, incultos incluso, con poca formación humana y toscos en sus formas. Esos doce le acompañarían a todas partes, y con ellos no sólo comería y dormiría, sino que compartiría experiencias, vivencias y muchas confidencias. Eran sus amigos, por eso en los tiempos de convivencia más privada, el Señor les abrió el corazón dándoles a conocer su propia intimidad. Doce hombres que conocieron al verdadero Jesús, porque en el trato surge el cariño, y en la familiaridad del día a día surge la empatía, la camaradería y la confianza.
Todos necesitamos la cercanía, el cariño, la confianza y la entrega de un amigo. Un amigo de verdad es un tesoro valiosísimo. Un amigo sincero escucha, siente, sufre, ama. Conoce y se entrega. Basta una mirada para que comprenda. Basta una palabra para que consuele. Basta un gesto para que abrace.
Imagino el corazón de Jesús, en toda su humanidad, cómo necesitaba también de esos momentos de intimidad para desahogar sus anhelos. Imagino esas conversaciones y esos diálogos repletos de humanidad en los que entregó su corazón tantas veces dolorido. Y, como, además de revelar la Verdad y la vida, testimoniar el amor del Padre y cuál era el objetivo de su misión, desahogó sus inquietudes pues todo corazón humano necesita consuelo, comprensión, afecto y cariño.
Me imagino ahora en la oración. Tantas veces callado, en silencio, con sombras y desconfianzas hacia el Amigo. Y, mientras, Él, me tiende sus brazos sin nada a cambio. El Señor quiere que le busque, que crezca en nuestra amistad -la suya fiel hasta la muerte de cruz-, que no dude de su presencia, que lo reciba en la Eucaristía, que aprenda a escucharle, que atienda su palabra, que lo reconozca entre los sufrientes…

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¡Señor, que gratificante es ser tu amigo! ¡Cómo compensa seguirte! ¡Qué maravilloso es sentir que la alegría auténtica se encuentra cuando te sigo!
¡Qué seguro me siento al recibir tu amistad desprendida, gratuita y magnánima! ¡María, Tú que eres espejo de Santidad, ayúdame a ser siempre un amigo fiel de tu Hijo y acercarme cada día más al corazón misericordioso del Padre!

En este inicio de semana reafirmo mi fe en ti, Señor, exclamando con la música de este gran compositor italiano que es Baldassare Galuppi, tan olvidado hoy. Disfrutadlo, es un Credo para soprano, coro y orquesta precioso:

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