El optimismo cotidiano

El optimismo es la fe que traslada todo al logro. Mientras el pecado coexista con el bien siempre habrá motivos en nuestra vida para quejarnos, lamentarnos y lagrimear. Existe un optimismo rigurosamente humano frente a las cosas, los acontecimientos y las personas que termina por no provocar consuelo, serenidad y esperanza en el ánimo de aquellos que lo pasan mal. Esa esperanza puramente humana termina por marchitarse, como sucede con todo lo que procede de los hombres, asfixiada por el desaliento ante la presencia del mal, el sufrimiento y la injusticia. Por eso es tan importante nuestra fe porque nos permite vivir y experimentar ese otro optimismo humano que surge de la esperanza sobrenatural.
El optimismo es una fuente de riqueza. El optimismo es la base del valor. El optimismo solventa la mitad de cada uno de los problemas. Pero cualquier actitud positiva ante la vida, por muchos sufrimientos, problemas, contrariedades, pruebas, dificultades o inconvenientes que nos encontremos, surge de la confianza ciega en la providencia divina. Y ese optimismo acaba convirtiéndose en un inagotable manantial de firmeza.

optimismo
¡Señor, ayúdame a ser siempre una persona optimista, alegre, vital, que sepa aceptar las contrariedades de la vida con fe ciega en tu voluntad de Padre amoroso! ¡Ayúdame, Padre, a ser siempre optimista cuando juzgue o valore a los que me rodean mirando siempre su lado positivo! ¡María, Madre de la humildad y el recogimiento, contágiame de tu visión positiva de la vida, de tu optimismo silencioso, de tu amor incondicional! ¡Que sepa, María, Madre de bondad, mirar tu rostro sonriente que me recuerda la bondad de Dios y cuando esté desanimado, que nada ni nadie arrugue mi sonrisa ni tuerza mi semblante sereno! ¡San José, tu que acompañas siempre a los padres de familia, que aprendamos siempre de ti el no dejarnos vencer por el desánimo ante las contrariedades o la injusticia, o cuando la mediocridad o el pecado contamine el ambiente que nos rodea! ¡Mirándote con los brazos extendidos en la Cruz, querido Jesús, que piense siempre en la fuerza que da este madero santo para vencer siempre al mal! ¡Espíritu Santo, que iluminas mi entendimiento y mi corazón, que sepa descubrir siempre la inmensidad de esa eternidad que late viva en cada uno de los sucesos de mi vida!

Y, hablando de optimismo, sugerimos cantar alabando: ¡Oh Happy day!

 

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