La camisa holgada

Último sábado de enero con María en nuestro corazón.
Es verdad que hay días que es más sencillo sentirse pesaroso porque las cosas tienen visos de ir mal, días en que la vida parece comportarse de manera injusta con nosotros. En estas circunstancias sería muy beneficioso recordar que podemos llevar el mundo como una de esas camisas que nos van grandes después de una dieta de adelgazamiento. Esto implica abordar el día con la certeza de que Dios tiene un propósito y un fin para el mundo y para cada uno de nosotros y que, por lo tanto, todo está fundamentadamente bien.
Cuando llevamos nuestra vida como esa camisa que nos va holgada la serenidad y la tranquilidad nos envuelven porque, en definitiva, confiamos en Dios. Nos permite dejar de lado nuestras preocupaciones y problemas y comprender que todo irá bien mientras tratamos de buscar y cumplir la voluntad de Dios.
Cuando se ha comprendido esta idea es sencillo ponerla en práctica. Mejorarán en todos los sentidos nuestras relaciones personales con la gente si las llevamos como una camisa que nos va dos tallas grandes. En nuestro hogar y en nuestro trabajo nos mostraremos más sensibles y menos intransigentes. Nos resultará mucho más sencillo aceptar a los que nos rodean tal como son. Trataremos de mejorar conscientes de nuestras caídas. Cuando tenemos el convencimiento de que todo va bien hay menos probabilidades que nos tomemos las cosas insignificantes de manera personal o todas las eventualidades demasiado en serio.
Feliz fin de semana a todos. Totus tuus, María!
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¡Señor, en este sábado que cierra el mes, te pido que me ayudes a descubrir la gratuidad de tu amor, tu entrega generosa, don de vida que se regala! ¡En este sábado, siguiendo el ejemplo de tu Madre, Señor, ha llegado hasta mi corazón tu llamada a seguirte! ¡Quiero hacerlo de una manera decidida, Señor, porque tu Palabra es Buena Noticia, tu yugo suave y tu carga ligera! ¡Qué libertad me da el seguirte, Señor, y qué felicidad a pesar de las dificultades y los problemas de mi vida! ¡Gracias, Señor, por susurrar mi nombre del mismo modo que un día llamaste así a tus apóstoles a seguirte! ¡Desde la debilidad de mi palabra prometo seguirte sin desfallecer y seguir siempre el ejemplo de nuestra Madre!

Ave Virgo gloriosa, cantamos en este sábado en esta composición a cinco voces de Richard Deering. Tal vez no lo conozcáis pero su música es… gloriosa:

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