Desconfiar de todo y de todos

Trato de huir de las personas que, por principio, desconfían de todo y de todos. Tal vez ese haya sido un gran error en mi vida pero yo siempre he pensado que todas las personas tienen buenas intenciones aunque luego se demuestre lo contrario. La desconfianza y el recelo no ayuda a nadie en ninguna situación de la vida. Prefiero desengañarme a la falta de confianza.
Reconozco que durante mucho tiempo mi segunda naturaleza era esperar lo peor. Un corazón que no está en paz tiende a esto. Cuando eso ocurre es fácil esperar motivaciones negativas en los que te rodean. Pero es razonable considerar que otros son tan bien intencionados como nosotros.
Pero con el tiempo he asumido una enseñanza hermosa. La fe en la naturaleza del hombre fomenta mi fe en mis propias posibilidades. La sospecha, el recelo, la duda y la falta de confianza generalizada hacia los demás hace que surjan enemigos donde no los hay y que todo lo ajeno lo veas mal. ¿Por qué, entonces, tenemos que rendirnos ante esta especie de pensamiento defensivo? ¿No es mejor dar a los que nos rodean el beneficio de la duda?
En la película que Steven Spilberg rodó sobre Lincoln hay una escena que llamó especialmente mi atención. Se le inquiere al padre de la patria americana por qué trata de establecer amistad con sus enemigos, cuando lo razonable sería tratar de destruirlos. Lincoln responde hierático que estaba destruyendo a sus enemigos cuando los convertía en sus amigos. Esta es una verdad a tener siempre en cuenta, para aprender a hacer verdadera la amistad con nosotros mismos. Si uno desea encontrar el bien en si mismo no tiene que buscarlo más que en los que tiene a su alrededor, aunque le hayan producido dolor. Aquellos a quienes vemos como enemigos, e incluso llegas a odiarlos, Dios en su infinita misericordia los aprecia como seres que necesitan ser transformados y no abandona su amor hacia ellos. ¡Menuda ironía! Al final, quien se desgasta odiando y manteniendo vivo el resentimiento en su corazón es uno mismo. El amor hacia quienes nos provocan daño, es imperativo no opcional para quienes profesamos la fe en Dios, padre de amor, bondad y misericordia. Es más, Jesús nos invita a orar por ellos. Hay que preocuparse porque las bendiciones lleguen a todos, pese a que ellos estén anhelando para nosotros cualquier mal.

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¡Señor, dame la confianza de tener fe siempre en Ti y en los demás! ¡Dame, Señor, el firme propósito de ser transformador en mis pensamientos y acciones en relación con quienes no me entiendo y me hacen mal en mi vida familiar, social o profesional! ¡Bendice, Señor, a todos aquellos con los que no me entiendo y yo he podido hacer también daño! ¡Yo también los bendigo y no los maldigo, Señor! ¡Espíritu Santo, divino amor, dame el don del entendimiento para comprender que el bien siempre vence! ¡Y en los momentos de duda con los demás, dame la serenidad para pensar siempre lo mejor! ¡Dame también, Señor, la confianza en mi mismo y una fe fuerte para aprender, corregirme y crecer!

Celebramos este jueves hermoso con esta bella adaptación del Adagio de Albinoni:

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