Aprender de los errores

Ayer por la mañana converso con un cliente que tiene un gran poder de convicción en todos sus planteamientos comerciales. Es un vendedor nato. En apariencia un ganador. Su autoestima está por las nubes. Como el negocio le va viento en popa imparte doctrina de cómo hay que hacer las cosas. Tras escucharle, después de más de veinte minutos explicándome el éxito de su negocio, le sugiero una idea para mejorar un aspecto que le daría un plus de calidad a lo que comercializa. Y que, indirectamente, puede beneficiar al mío. Entonces, todo parece tambalearse… No está acostumbrado a recibir consejos porque él es el alma de todo lo que gira a su alrededor.
Su actitud recuerda algo que un gran amigo me decía con insistencia: cada vez que admitas un error serás más sabio de lo que eras ayer.
¿Se basa acaso la autoestima en tener la razón siempre o tratar de demostrar que uno está en lo correcto? Tal vez sí. Con una matización: cuando la equivocación o la opinión errónea te haga sentirte soliviantado o avergonzado. En este caso basta con que un simple cambio de actitud para encarrilarse de nuevo. El único error verdadero es aquel con el que nada se aprende.
Un error puede convertirse en una oportunidad para aprender y para crecer. Algo así como una invitación a la sabiduría. Todos cometemos errores a lo largo del día. El principal problema no es que los cometamos sino cómo somos capaces de manejarlos. Si cada error se plantea como una oportunidad para sentirse mal, para deprimirse, para la queja, de ellos no aprenderemos nada y, en adelante, no nos servirá para aprender. ¡Qué diferente es simplemente reconocer cada uno de nuestros errores, corregir la conducta y perdonarnos! De este modo, sin toda la emoción acumulada, aprendemos de ellos. Y, a pesar de nuestra vergüenza del momento, descubriremos que el traspié ha valido la pena. Equivocarse no nos hace menos valiosos, ni menos dignos porque los errores son parte de la vida y nos brindan la oportunidad para ser mejores, para aprender de la experiencia y aceptar las consecuencias.
Dios no quiere que nos equivoquemos pero como el errar es humano cuando cometo una falta o un traspiés lo más recomendable es clamar a Dios por su perdón, humillarse ante Él y rogar siempre por su benevolencia, examinando nuestro interior y aprender de lo observado. Es la única manera de vencer nuestra soberbia

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¡Señor, te pido la fuerza y la sabiduría para aprender a ver y a reconocer mis errores, que cada día sepa crecer en la mejora personal y elija la acción constructiva en lugar de la queja! ¡Espíritu Santo, dame la sabiduría para evitar la arrogancia al tratar con los demás y evitar cambiarlos! ¡Espíritu de Dios, que iluminas mi entendimiento, ayúdame a no derrochar mi vida fijándome en los errores de los que tengo cerca, culpando a los demás de mis problemas, en vez de enfocarme en reconocer y corregir los míos propios!

Continuamos con la música de Cuaresma. Traemos hoy la música de Orlande de Lassus y su ofertorio Exaltabo te Domine [“Te alabao, Señor], a 4 voces, una de las más bellas obras polifónicas franco-flamencas del siglo XVI:

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