¿Qué espacio ocupa Dios en mi vida?

En ocasiones nos aferramos tanto a las responsabilidades y actividades del día a día que perdemos de vista el infinito poder que Dios ejerce en nuestra vida. Nos circunscribimos a nosotros mismos al consagrar la mayor parte del tiempo, el esfuerzo y la energía a nuestros trabajos y acrecentar nuestros bienes. Hay días que Dios ocupa un mínimo espacio en nuestra vida.
En ello no hay nada de malo y menos cuando tratamos de hacer nuestro trabajo lo mejor posible y en sentirnos orgullosos de las cosas que poseemos por el esfuerzo de nuestro trabajo. Pero no debemos consentir que estas cosas se conviertan en barreras que nos impidan ver el mundo de manera más amplia, la del mundo del Espíritu.
Cuando Dios se introduce en las actividades de nuestra vida éstas se vuelven más agradables, significativas y satisfactorias. Con asiduidad en el trabajo y en nuestras relaciones sociales o personales nos sentimos mejor. Conseguimos más de la vida porque la afrontamos con un sentido auténtico, más espiritual y con serenidad interior. Cuando tenemos una visión amplia de la vida podemos ser más conscientes del poder de Dios y de su deseo de obrar milagros en nuestra vida. Somos capaces de agradecer y reconocer sus obras, en lugar de aceptar nuestras bendiciones como algo natural o distinguirlas como fruto de la simple casualidad.
Cuando reconocemos que los logros y los éxitos cotidianos son más de Dios que de nosotros mismos, somos capaces de apreciar estos dones de forma totalmente nueva.

Captura de pantalla 2015-02-24 a las 06.28.16

¡Señor, gracias, por tantos dones que he recibido de Ti, ayúdame a utilizarlos bien y darte gracias siempre por ellos! ¡Señor, quiere reconocer que, sin tu gracia, nada puedo y de nada me sirven los dones terrenales que disponga! ¡Gracias, Señor, porque cada día obras un milagro en mi vida, porque me regalas la vida! ¡Gracias, Señor, por el perdón que tantas veces he omitido por negligencia o por orgullo y que no tienes en cuenta porque tu bondad es infinita! ¡Gracias, Señor, porque perdonas mis omisiones, descuidos y olvidos, mi orgullo y vanidad, mi necesidad y mis caprichos, mi silencio y mi excesiva locuacidad! ¡Padre bueno gracias por la oportunidad de conocerte y de tenerte cerca! ¡Te pido encarecidamente, Padre de bondad, que me hagas sobrepasar cualquier decisión que haya elegido equivocadamente y me mantiene alejado de ti!

Hoy la música de uno de mis compositores barrocos ingleses favoritos, eclipsado por la grandeza de Haendel, el mayúsculo Thomas Arne:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s