Cuatro pilares fundamentales para afrontar los problemas de la vida

Hace hoy un año que fallecía en Londres, a la edad de 110 años, la pianista de origen checo Alice Herz-Sommer, superviviente del holocausto nazi. Esta concertista de sensibilidad exquisita pasó dos años que marcaron su vida en el campo de concentración de Terezín, en la República Checa.
La conocí en Viena y durante un tiempo tuvimos bastante relación. Años más tarde se estableció en Londres y aprovechando una estancia en la capital británica me obsequió su libro de memorias A Century of Wisdom: Lessons from the Life of Alice Herz-Sommer, the World’s Oldest Living Holocaust Survivor escrito en colaboración con la también pianista y escritora Caroline Stoessinger. En esta obra, esta mujer culta y delicada, que perdió a un hijo y a su marido en el campo de concentración de Auschwitz, decía que había logrado superar su reclusión en aquel centro del horror a base de optimismo, valentía, temperamento y disciplina. Cuatro pilares fundamentales para afrontar los problemas de la vida. Alice nunca sintió miedo, sino incertidumbre por lo que le podría sobrevenir. El miedo nunca es un mal en sí mismo. De manera frecuente es la oportunidad para revelar un valor y sacar fuerzas de dónde no las haya. Únicamente quien conoce el temor puede saber qué es el valor. Se convierte en un mal que ahoga e impide vivir cuando, en vez de incitación a la reacción y pilar para la acción, se convierte en argumento para la inacción, algo que impide avanzar.
Tendemos a vivir en la angustia. La ansiedad es el miedo irracional a algo que nos sobreviene. Sufrimos por las situaciones, esperamos de manera constante lo peor y vivimos palpitando de angustia. Si el peligro no es real, el ansia lo crea; si existe, lo hace mayor. Quien teme sufre en la previsión y también en la realidad. El remedio se resume en una frase simple: confianza en Dios; confiar de manera decidida en la providencia divina; no tener miedo a ser abandonados por el Señor porque aunque nos encontremos solos en lo humano, Su amor es más fuerte que todo. Y la gran medicina es la oración. En mis momentos de gran incertidumbre pienso en Cristo en el huerto de los Olivos. ¿No sintió Él una soledad profunda? Pero desde ese día aprendemos que hay que vivir unidos a Él, en oración con Él, con la fuerza para levantarnos en lugar de deprimirnos. Utilizando como base la oración no sirven también los cuatro pilares de Alice: optimismo, valentía, temperamento y disciplina. Además de la fe.

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¡Señor, en este tiempo de Cuaresma quiero tener una disposición absoluta al cambio de actitudes de mi corazón que es lo que más te agrada! ¡Tú, Señor, conoces hasta lo más recóndito y secreto de mi alma, por lo que nada tengo que aparentar delante de Ti! ¡Que todas mis obras sean por amor a Ti y para darte mayor gloria y alabanza! ¡Cuando haga oración, o dé limosna o practique el bien que sea siempre un acto silencioso de amor y por amor para no recibir parabienes sino para darte gloria! ¡Enséñame a edificar mi vida pisando las huellas que tus dejaste y me coja de tu Mano lo que implicará que mi mayor anhelo será construir sobre un fundamento que se llama amor crucificado! ¡Gracias, Señor, por todo lo que recibo de tu mano!

Del maestro Pau Casals (1876-1973), compositor y violonchelista español nacido en El Vendrell (Tarragona), os presento una breve obra coral sacra titulada O vos omnes, muy adecuada a este tiempo de Cuaresma.

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