Comprender y amar

Lo habitual es organizar nuestra actividad diaria sin tener en cuenta que puede acontecer un hecho imprevisto. Comprensible. Pero siempre existen circunstancias, acontecimientos o situaciones, ajenos a nuestra voluntad, que pueden surgir de manera inesperada, que trastocan nuestra vida, nos hacen perder la paz, provocan un cambio brusco en nuestro estado de ánimo e, incluso, generan ansiedad y desconcierto incontrolado. Son las contradicciones de nuestra vida. La solución es contemplar a Cristo.
Leyendo los textos evangélicos comprendemos que los imprevistos forman parte de nuestra vida, como lo fueron en la vida del Señor, algunos de ellos incluso rozando el desatino y el absurdo. En el caso de Jesús las embestidas dialécticas de los fariseos, la torpeza de sus discípulos, el agotamiento físico, la incredulidad de sus conciudadanos de Nazareth, las tentaciones del demonio, los lamentos de los que se acercaban a Él buscando curación o milagros, los reproches de tantos y la incomprensión de la mayoría.
La respuesta del Señor fue siempre la misma, actuar con serenidad, sosiego y magnanimidad. Intentando comprender… y amar. Es cierto que no siempre lo hizo de manera pausada y comedida como el día que expulsó a los comerciantes del Templo porque profanaban la casa del Padre, de su Padre o cuando algunos —muchos— acudían a él con torticera intención.
Pero Cristo nunca se quejó. Calló, rezó y amó. Examino ahora mi alma. ¿Me influyen, por ejemplo, los dimes y diretes que se dicen de mí; la opinión de la gente; los comentarios críticos a mi trabajo; las comidillas sobre mi situación profesional, personal o social; las risas cuando me caigo subiendo unas escaleras y en apariencia hago el ridículo; la forma como visto; cuando alguien se aprovecha de mi; cuando sufro una traición o un engaño de alguien cercano que no te esperas, la evidencia de que he tomado una decisión errónea y no me queda más remedido que aceptar que me he equivocado; cuando estoy de mal humor y reacciono mal con los que me rodean…?

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Esas son las contradicciones de mi vida. ¡Te las ofrezco, Señor! ¡Te ofrezco todas las contradicciones para que con Tu ayuda fortalezcas mi carácter y hagas de mi una persona que no se vea condicionada por la mundanidad de lo humano sino que sepa tener una actitud trascendente! ¡Me uno a Ti, Señor, me uno a tus sufrimientos para ir llenando lo que aún falta por cubrir de Tu Pasión! ¡Señor, que en mi amistad contigo no busque sólo la perfección, sino la veracidad, porque en nuestra relación el protagonista eres Tu y no yo! ¡Dame un corazón, Señor, para aceptar todo lo que me suceda y aceptarlo con amor!

Hoy, un delicioso canapé músical de Giacomo Antonio Petri, uno de los grandes músicos barrocos italianos, y su Sinfonia & Kyrie I de su Misa a 12 voces:

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