¿Dónde se encuentra la fiesta para saber encontrarla?

Sentado cómodamente en el asiento del avión abro aleatoriamente la Biblia y surgen estas palabras del salmo 85: “Dichoso el pueblo que sabe aclamarte, caminará Señor a la luz de tu presencia”. Y siento una gran alegría porque es un salmo de fiesta que surge cuando uno descubre las maravillas que Dios ha hecho en su vida. La fiesta nace cuando uno se concentra en la obra que Dios realiza en nuestro corazón a lo largo de nuestra vida cotidiana. La fiesta nace, crece, se difunde, se comparte y se agiganta a todos los que son capaces de estar atentos a sus ecos y escuchar sus resonancias. La fiesta abre las fronteras de nuestro corazón. No sabe ni de lenguas, ni de edades, ni de clases sociales. Vive en todos y a todos alcanza. La fiesta es un regalo que el tiempo es incapaz de poner freno. Pero ¿sabemos cómo hacer fiesta? ¿Dónde se encuentra la fiesta para saber encontrarla? La fiesta está en la conversación reposada con nuestros esposos o nuestras mujeres, cuando no discutimos, compartiendo las alegrías y las penas de nuestra familia, de nuestra realidad cotidiana. La fiesta está en nuestros hijos, se asoma en su mirada, en las cosas que nos cuentan a veces intrascendentes pero siempre confiadas. La fiesta está en la calle; cuando una la encuentra nunca debe minimizarla, más al contrario es preferible acrecentarla para que los que nos rodean puedan disfrutarla. La fiesta está en nuestro entorno, por eso hay que tratar de no romper la armonía. La fiesta está en el silencio de la oración sincera, abierta al Padre, confiada al Hijo, entregada a la Madre; en la Eucaristía diaria y en la vida de sacramentos; en el sí sostenido de la entrega, en la alabanza al Señor, en la petición al Espíritu Santo, en los pequeños favores que regalas a los demás sin esperar parabienes, en los gestos de amistad sinceros que haces por amor, en tus palabras mansas que salen del corazón. La fiesta está en la vida de comunidad eclesial, en la Iglesia, que es el pueblo de la Pascua, en el corazón manso y humilde de cada ser humano, a imitación del de Cristo; el nuestro es un corazón dormido pero que la fiesta despierta. Pero sobre todo la fiesta está en nuestra alma, pequeña porque así somos los hombres, acurrucada de manera temblorosa pero alegre al mismo tiempo y que requiere ser llevada a cada uno de los lugares donde uno vaya y exige entregarse para dar felicidad a todos cuanto tratamos. Captura de pantalla 2015-02-20 a las 17.47.23 “Dichoso el pueblo que sabe aclamarte”. ¡Hoy quiero, Señor, proclamar tu nombre, alabarte, darte gracias, glorificarte, que todos a mi alrededor sientan la felicidad de mi alma a punto de celebrar la Pascua y gritar al mundo que ¡Has resucitado! ¡Quiero exclamar tu nombre, Señor, y darte gracias porque a pesar de los problemas, de las situaciones complicadas de mi vida, de mis caídas y mis pesares, de mi miseria y mi pequeñez, estoy de fiesta porque eres el invitado de mi corazón! ¡Estoy alegre, Padre, porque pertenezco al pueblo de la Pascua!

Señor, ten piedad es una composición de Francisco Palazón escrita para el tiempo de cuaresma:

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