¿Nos escucha Dios siempre?

Un amigo con una mochila repleta de cargas, dolorosas la mayoría de ellas, me pidió hace poco que rezara por una intención particular. Lo hice con fe profunda, pero aquello por lo que pedimos no fue en apariencia escuchado. Y ese amigo querido, con tantas heridas clavadas en su alma sufriente, quedó profundamente contrariado. Su esperanza estaba en que el Señor hiciera caso de esas peticiones. ¿Por qué Dios se hace tantas veces el huidizo?, se pregunta mi amigo y me he preguntado yo tantas veces. ¿Por qué Dios no me da lo que le pido, con tanto sufrimiento encima?, se lamenta.
Recuerdo que en cierta ocasión una monja cisterciense me dio la respuesta a esta pregunta. Aclaró la ceguera que cubría mis ojos. Citó La ciudad de Dios, esa lúcida obra de San Agustín de Hipona: Cuando el Señor no nos escucha es porque acudimos a él aut mali, aut male, aut mala. Se me quedó muy grabada esta triple apreciación. Aut mali, porque los hombres no tenemos la predisposición correcta para tal petición. Aut male, porque cuando acudimos al Señor lo hacemos con una fe tibia, sin humildad o no somos lo suficientemente perseverantes en nuestra oración. Y aut mala, porque pedimos aquello que el Señor considera que no nos conviene.
Dios nos atiende a todos por igual pero se queda prendado de las almas sencillas, humildes, limpias y desinteresadas. Aquellas que acuden a Él como un niño cuando suplica a un Padre. Aquellas cuya oración sencilla determina el grado de su vida interior.
Dios escucha siempre -¡qué padre no lo hace!-; la cuestión es cómo y en qué circunstancias acudimos a Èl.

Captura de pad-16 a las 07.36.44

¡Señor! Permíteme encontrarte día a día… porque el día que me faltes tu, ese día, mi vida no tendrá sentido. Hoy quiero escuchar tu voz, Señor, pero a mi interior hay tanto ruido que no escucho tu voz. Te pido, Señor, que tu palabra ilumine mi vida y sea capaz de vivir en tu presencia para corresponder a tu amor. ¡Señor, te pido que me enseñes dónde buscarte, cómo encontrarte, cómo hablarte; que te busque en mi deseo, y te desee en mi búsqueda! ¡Señor, que cuando te busque te ame y te ame aunque no te encuentre! ¡Que acepte siempre tu voluntad aunque no se ajuste a mis deseos y mis planes! ¡Señor, tu lo sabes todo; tu sabes que te amo a pesar de mi miseria y de mi pequeñez!

Del maestro checo Antonín Tučapský (1928-2014) esta brevísima obra cuaresmal para cuatro voces: Pater Mi (Padre mío) en el que Jesús le pide a Dios que aparte de Él el cáliz de la muerte:

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