El balance de situación

Me presentan ayer el balance de una empresa para que lo estudie. Analizo el debe y el haber. Y, sobre todo, el balance de situación que me permite analizar los pilares básicos de la sociedad. El balance me proporciona una valiosa información sobre la senda que ha seguido la empresa en el último año.
También yo en esta Cuaresma, tiempo de gracia y renovación, tengo que hacer un balance de situación. Como seguidor de Cristo, será la pieza fundamental para decidir si mi empresa espiritual presenta una estructura sólida o no. Es un tiempo propicio para revisar mis activos con coherencia y verdad. De mirar hacia dentro, escrutar mi interior y obtener de ello conclusiones que me permitan tomar las decisiones más acertadas para enderezar el rumbo de mi camino de fe.
¡Son tantas las veces que aunque parece que estoy en el camino de Dios en realidad estoy siguiendo el de mi propio interés!; ¡Aunque siga los preceptos del Evangelio en realidad hay una distancia infranqueable entre lo que digo y cómo lo pongo en práctica!; ¡Aunque me sienta orgulloso de mi generosidad en realidad siempre hay alguien a mi alrededor que está reclamando mi atención, espera una palabra de afecto, necesita que le tienda una mano o que extienda mis brazos para abrazarle de corazón!; ¡Aunque mi interior crea que cumplo con lo que Dios espera de mí en realidad debería cambiar esas conductas que se alejan de la voluntad de Dios y me convierten en un mero cristiano de palabra!
Toda empresa exige nuevas metas cada día. En este tiempo de Cuaresma la mía es agarrarme a la Cruz por uno de sus travesaños e ir escribiendo mis propias conquistas personales aceptando el amor de Jesús y difundiéndolo a mi alrededor con cada gesto y cada palabra, dejando que en el otro madero sea Dios quien a través de la Eucaristía diaria, de su Palabra, de la oración y de la contemplación de la Pasión de su Hijo me recuerde que mi vida está llamada a ser rescatada por la presencia real de Cristo en la Cruz.

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¡Señor, en este peregrinar de mi vida, ante las sombras que amenazan oscurecer mi verdadera alegría, ante la desorientación y la falta de luz, concédeme la gracia de tener siempre encendida la antorcha de la fe, para que cada contacto con cada persona seas tú el que vuelva encender esa llama, ese fuego y esa pasión que nace de aquellos corazones que han hecho una verdadera experiencia del amor de un Dios que no se cansa de esperar ni de amar con locura! ¡Señor Jesús, después de meditar a tu lado cómo puedo amarte a través de mi prójimo, te doy gracias por enseñarme a amar, sabiendo que no sólo necesito amar a aquella persona que menos quiero, sino que también puedo amar al que más lo necesita!

Siguiendo con la música cuaresmal presento hoy la obra Desolatione, desolata est terra en la que se usan palabras del profeta Jeremías, lamentándose por la desolación y la destrucción de Jerusalén (alegoría de la muerte de Jesús). Obra de Marc-Antoine Charpentier forma parte de sus Méditations pour le Carême (“Meditaciones para la Cuaresma”).

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