Comenzar a avanzar hacia el Gólgota

De manera recurrente nuestro corazón necesita hacer memoria, acercar las vivencias más significativas de lo que experimentamos. Regresar al Gólgota. Volver a la Cruz. Ponerse frente al Acontecimiento más extraordinario de la Historia, la raíz de todo: la Resurrección.
Comienzo en este domingo un libro que recorre toda la Pasión de Cristo, para ir entrando en situación y meditar esa entrega generosa que nos devuelve a la vida y nos da esperanza. Es crucial en este tiempo. Escarnio, bofetadas, burlas. Sangre, corona de espinas, latigazos con saña y odio. Golpes de martillo sobre unos clavos oxidados que debieron provocar un dolor inaguantable. Silencio, abandono y negación tres veces. Soldadesca salvaje cosiendo las manos santas de Cristo. Legionarios romanos que cumplen órdenes sin tener en cuenta su conciencia. Hombres de Iglesia que acusan y calumnian por envidia. Todos en la escena de la Pasión se desempeñan en el sometimiento irracional. Lo que cuenta es que a cualquier precio se cumpla el orden establecido.
Todos maltratan y golpean al Hijo de Dios. Lo hacen sin corazón, sin medir las consecuencias porque un Sumo Sacerdote así lo establece. No sienten dolor y no tienen escrúpulos por averiguar la verdad. Así es el mundo de ayer y de hoy, una sociedad muda y encogida, que no arriesga por Cristo. A Él lo matan y sólo unos pocos se atreven a dar la cara en el momento de llevar la verdad ante la justicia. Falta fe, valentía y compromiso. Falta coraje para decir que sí, para abrir las puertas de par en par a Cristo y dejar que se meta en nuestro respirar y en toda nuestra vida.
Pero hay esperanza, porque con la muerte de Cristo Dios ha querido librarnos de todas las penalidades de esta vida, para que aceptándolas nos identifiquemos con su Hijo, nos vaciemos del pecado, nuestros corazones se abran a la santidad y la justicia y cooperemos en la tarea de llevar a los demás los frutos de la Redención.

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¡En esta día tan consagrado a Ti, Señor, dame una fe fuerte, profunda y enraizada que se haga presente en mi corazón! ¡Deseo, Espíritu Santo, una fe que me permita vivir como vivió Cristo, enraizada en los valores del Evangelio! ¡Necesito que impregnes tu estilo de vida, Señor, en mi estilo de vida! ¡No permitas, Señor, que me deje arrastrar y me acobarde por el qué dirán sino por la verdad del Evangelio! ¡Espíritu Santo, que con el don del entendimiento, sea capaz de ver la importancia de transmitir la fe y la belleza de la verdad cristiana! ¡Dame el don de la fortaleza, Espíritu de bondad, para vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe, la difusión del Evangelio y la búsqueda del camino de la salvación! ¡Que mi compromiso en esta vida, Señor, es que todos conozcan las maravillas que Tu obras en nuestro corazón! ¡Dame a entender, Señor, que tu sangre en realidad no era para maldecir ni condenar, sino al contrario, para perdonar todos mis pecados!

Disfrutamos este domingo con el coro Selig sind, die da Leid tragen del Requiem alemán de Johannes Brahms. ¡Feliz domingo a todos!

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