¿Estoy dispuesto a tomar mi cruz y seguir a Cristo?

“Toma tu Cruz y sígueme”. Esta frase siempre me provoca un vuelco en el corazón. Pensamos que llevar la cruz quiere decir portarla en nuestra vida cotidiana, con la enfermedad, con las críticas, con los problemas económicos, con las dificultades en el matrimonio, con los sufrimientos por los hijos, con las diferencias con las personas con las que convivimos… Diría que esta frase implica estar predispuesto a morir para seguir a Cristo, implica morir a sí mismo. Es la llamada a la entrega más radical y absoluta. Seguir a Cristo es sencillo cuando en la vida los problemas no aparecen, el compromiso verdadero con el Señor se manifiesta ante las pruebas de la vida.
Y, en este lunes que avanza hacia la Pascua, me pregunto si estoy dispuesto a tomar mi cruz y seguir a Cristo. ¿Estoy listo para seguir a Cristo si esto implica el quebranto de mi reputación? ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo si esto supone perder a mis amigos más cercanos? ¿Estoy dispuesto a seguir a Jesús si me implica alejarme de mi familia? ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo si eso supone perder mi trabajo o no ascender laboralmente? ¿Estoy dispuesto a seguir a Jesús si esto supone que se me aparte de los círculos sociales en los que me muevo? ¿Estoy dispuesto a seguir al Señor si eso supone, incluso, perder la vida?
Hay muchos cristianos en el mundo que sí están dispuestos a hacerlo. Pero yo, ¿estoy dispuesto? Seguir a Cristo no implica forzosamente que me tenga que suceder todo esto, pero si me llegara a suceder alguno de estos supuestos ¿estoy dispuesto a tomar mi cruz y seguirle? Porque en la vida siempre hay que tomar una decisión: o seguir a Jesús o las comodidades de la vida. Y yo, ¿qué elijo?
El compromiso con el Señor implica tomar nuestra cruz de cada día, abandonando nuestras propias esperanzas, nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestros bienes materiales, incluso nuestra propia vida. Cuando uno toma voluntariamente la Cruz se convierte en verdadero discípulo de Cristo. Creo que merece la pena la recompensa.

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¡Señor, gracias porque Tu me enseñas que el verdadero itinerario que me lleva a la santidad pasa por la cruz y desde la cruz! ¡Te pido, Señor, que sea capaz de comenzar esta semana con la firme decisión de cargar mi cruz, con valentía, con decisión, con convicción y, fundamentalmente, con gran amor, ya que tengo la firme certeza de que todo lo que sucede en mi vida es consecuencia de tu amor y predilección por mi! ¡Señor, creo firmemente en Ti, espero firmemente en Ti y la consecuencia de mi amor es que necesito buscarte en este momento de oración!

Antes de tu Cruz es un bellísimo canto cuaresmal de la Iglesia ortodoxa rusa que comparto en este inicio de semana:

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