El tesoro de la integridad

Hay una imagen que me conmueve en este tiempo de Semana Santa. Es la figura de la viuda pobre, que hoy se presenta. La mujer sencilla dio como limosna todo cuanto poseía, todo aquello que necesitaba para su subsistencia. Todo vertido en el arca del Tesoro del templo.
Me estremezco con este pasaje del Evangelio ante la figura de esta gran mujer que, en el juicio divino, con toda seguridad, habrá pasado por delante de todos. No es por la dadivosidad de lo que entrega, es por su fe inquebrantable. Limosna que engarza la fe con la misericordia.
Cada vez que releo este pasaje dejo constancia de mi pequeñez como hombre. Esta mujer viuda no entrega en realidad a Dios todo lo que posee de material, le entrega todo su ser. Lo mismo que Cristo hará en su pasión y muerte con el fin de enriquecernos con su pobreza. Y me surge siempre la misma pregunta: ¿imito yo a Cristo dándome a mi mismo a los demás con generosidad, amor y entrega infinita?
El tesoro de esta viuda es su integridad humana. ¿Y el mío? ¿De qué se conforma mi tesoro? ¿De la generosidad? ¿De la integridad? ¿Del buen discernimiento? ¿De la humildad? ¿De la justicia? ¿De la castidad? ¿Del amor? ¿De la misericordia? ¿De la caridad? ¿De… de… de…?
Cada uno tiene un tesoro en su interior. Cada uno es una piedra viva que puede entregarse completamente con un radical al Señor y a los demás. Puede dar lo mejor de si mismo y ponerse en manos de Dios por amor a Él y a los demás. Pero… ¿hago realmente de mi vida un don absoluto? ¿Brilla en mi interior este tesoro escondido? Esto es lo que debo cambiar en este tiempo de pasión, muerte y resurrección.

Captura de pantalla 2015-03-30 a las 19.32.01

¡Padre bueno, no mires mis pecados, ten piedad de mi con tu siempre dulce y tierna compasión! ¡Padre, en este día, recibe la ofrenda de mi vida como el óbolo de esta viuda pobre! ¡Virgen María, tu que eres el ejemplo de entrega confiada a Dios, ayúdame en este tiempo a reforzar mi confianza en Él y en su Palabra! ¡Dame, Señor, la gracia para ir transformando mi corazón y mi espíritu, para desapegarme de lo material, para entregarme de verdad a los demás con generosidad y amor, para preocuparme por sus necesidades e intereses sin buscar ventajas personales, honores y reconocimientos y para creer de verdad en Dios!

Del maestro italiano Tiburtio Massaino (1550-1608) escuchamos hoy su sobria lamentación renacentista titulada Musica super Threnos Ieremiae prophete in maiori hebdomada decantandas a 5 voces compuesta en 1599 para el Monasterio del Monte de los Olivos de Piacenza:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s