La prueba de la fe

El varón de dolores ha sido prendido. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre ha sido entregado en manos de los pecadores.
Horas antes se ha entregado a la humanidad entera instaurando la Eucaristía. Ha clamado al Padre que pase de mi este cáliz en el huerto de los Olivos. Ha sudado sangre. Nos ha pedido que oremos y velemos para no caer en tentación.
Como los discípulos nosotros dormimos e ignoramos el dolor; es por nosotros por quienes Cristo sufre. Son nuestras dolencias las que lleva encima y nuestros dolores los que soporta. El Señor se ha hecho débil por nuestros pecados, el que es Santo Dios, Santo Fuerte y Santo Inmortal.
Y en el amargo prendimiento de Getsemaní todos huyen y Cristo se queda sólo. A los apóstoles les ha faltado fe y confianza. Hoy día mantenerse firme en la fe no es sencillo. Supone un esfuerzo. Tampoco es fácil mantener una línea de coherencia espiritual y humana. Hay muchos elementos que pueden distorsionar nuestro camino. Son muchas las ocasiones en que nuestras buenas obras quedan borradas por un paso en falso y nuestro corazón se arruga por la ausencia de esperanza. Crecer en el amor tampoco es una tarea fácil. El día a día nos impide centrarnos en el buen hacer, nos distrae del camino verdadero y lacera y fastidia nuestro esfuerzo. Hay muchos factores, en nuestro entorno, que nublan nuestra vida de coherencia. Hay muchas circunstancias que ponen piedras en nuestro camino, algunas insignificantes pero que nosotros, corazones egoístas, magnificamos. Y esas cosas grandes y pequeñas son llamadas que Cristo nos hace para que nos dirijamos a Él, para que crezcamos en la fe, la esperanza y la caridad, para que la paz inunde nuestros corazones y seamos capaces de darnos a los demás. Ayer me lo dijo alguien: hay que buscar la perfección incluso en los pequeños detalles, convertir nuestro comportamiento cotidiano en una generosa obra de caridad hacia nosotros mismos y hacia quienes nos rodean. Se trata de poner la voz de Dios en nuestra conciencia. Buscar la perfección en los detalles es el camino de santidad de los pequeños.

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¡Señor me pides que vele y que ore para no caer en tentación, hoy te pido por los que no conocen la prueba de la noche de la fe! ¡Ten piedad de lo que dudan de Tu amor! ¡Señor, preso de angustia en las horas de dolor, llena de paz a los que sufren! ¡Señor derrama sobre Tu Iglesia santa y sobre todos los creyentes el Espíritu de oración! ¡Señor, nos has dado la libertad, derrama sobre nosotros tu Espíritu de obediencia y amor, para seguir la voluntad de Tu Padre! ¡Concédenos, Señor, el gozo del arrepentimiento! ¡Danos mucha fe, Señor, en los momentos de duda! ¡Escucha la voz de mi oración, por tu amor, Señor, ten piedad de mi!

En este día, acompañamos al Señor con la Pasión según san Mateo de Heinrich Schütz:

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