La respuesta a Su llamada

Mi corazón late lleno de fe y de esperanza, de certidumbre y de alegría, de júbilo y de sonoras aleluyas por la experiencia de la Resurrección de Cristo que se ha convertido en una victoria para todos.
Siento que Dios me llama porque su deseo es la salvación de todos sus hijos para que alcancemos el conocimiento de la verdad.
Cuando Dios escoge a alguien, le llama y le pide su fidelidad lo hace de acuerdo con criterios divinos no según razonamientos humanos porque su plan para cada uno de los hombres es sobrenatural.
Por eso de nada sirve, en el seguimiento a Cristo, poner excusas a todo y cobijarme en la cobardía de mi pequeñez, en mi singularidad, en esos defectos que tanto debilitan mi carácter, en mis mil tareas cotidianas que me impiden tener una vida de oración continuada, en la excusa de que no he recibido una formación espiritual adecuada, en los agobios del día a día, en lo fluctuante de mi fe… Eso no son más que vanas argumentaciones, pretextos de mercadillo para justificar mis descuidos y negligencias, mis omisiones y mi desidia en lo que respecta a mi vida de oración.
En este lunes de Pascua, sabedor de que Cristo ha resucitado en mi corazón, tengo que preguntarse desde la profundidad de mi alma cuál va a ser la respuesta a su llamada.
Para ser apóstol de Cristo no se requieren dotes especiales. Basta detenerse en los Evangelios y, especialmente, en el relato de la Pasión para comprender la debilidad de todos ellos. Ninguno de los elegidos por Jesús eran gentes de grandes cualidades, ninguno de ellos hubiera superado los requisitos mínimos en una selección de personal. Pero Jesús apostó por su debilidad sabedor de la fuerza que otorga el Espíritu. Y contó con todos ellos, incluso con aquel que le entregó por treinta monedas de oro.
¿Qué espera de mi el Señor una vez ha resucitado? Que le deje entrar en mi corazón y que no ponga obstáculos a su llamada. Que avance siempre con fe para que transforme mi vida, me libere de los miedos y me otorgue una esperanza firme. Que mi encuentro con Él esté presidido por la alegría espiritual y para ello se requiere de una escucha prudente y atenta, generosa y dócil, muchas veces incluso a contracorriente. La llamada de Dios va dirigida directamente a mi y nada ni nadie puede poner trabas a esa entrega al Padre.

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¡Padre, envía a mi corazón tu Santo Espíritu para que me dirija y gobierne según tu voluntad, me consuele de todas mis aflicciones, me defienda de todo error, y me conduzca a toda verdad! ¡Señor, te pido que entres en mi vida y permanezcas a mi lado siempre! ¡Señor, que con tu resurrección, ayúdame a combatir mis dudas y soledades y ver el mañana de manera gloriosa frente a este presente con tantas cruces en el camino! ¡Señor, contigo, movidos por la fe, con la fe y en la fe, nada tengo que temer!

Comparto hoy un maravilloso anthem del maestro inglés John Sheppart, que durante el siglo XVI se manifestó como uno de los mejores compositores polifónicos. Es el himno Christ rising again, en lengua inglesa, un hecho curioso dado que en aquel tiempo la mayor parte de los textos se escribían en latín:

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