Vencer el desaliento con mirada de aceptación

A lo largo de la vida son muchas las circunstancias que nos sumergen en el desaliento, el desánimo y el abatimiento. Acontecimientos que no deseamos, accidentes imprevistos, hechos no esperados, palabras que nos hieren; muchos son consecuencia de nuestros actos —aunque la ceguera nos lo impida ver—, otros productos de las circunstancias, algunos por reacciones que se hace difícil entender.
Cuando algo no se desarrolla como anhelamos o un imprevisto trastorna lo que teníamos pensado, surge el desaliento. Suele brotar, incluso, como corolario de nuestras propias caídas, debido a retrocesos en nuestra vida interior o sin un motivo que lo justifique. El desaliento surge como contraréplica a la serenidad del alma. Es, por encima de cualquier cosa, una manera inadecuada de dar respuesta a lo que sucede.
Es necesario zambullirse en el abismo de nuestro mundo interior y escudriñar la raíz de ese desánimo.
El desaliento existe debido a que hemos fundamentado las expectativas en algo exterior; nuestro entusiasmo se basaba en realidad en el resultado no en la acción misma.
El desánimo es el peor rival del alma porque es el arma favorita del enemigo, que se deleita en evitar el crecimiento espiritual y que Cristo se asiente en el corazón del hombre.
El antídoto al desaliento es el agradecimiento. Todo acontecimiento de la vida es una enseñanza, una escuela de sabiduría, una posibilidad para aprender, crecer y mejorar. Todo lo que nos sucede lo conoce Dios, lo permite de Dios y lo protege Dios, incluso aquello que se escribe con renglones torcidos porque en los designios de la Providencia tiene un significado de amor.
Ante cualquier acontecer de nuestra vida, incluso en los que está presente el dolor y la angustia, se debe actuar con una actitud receptiva, con una escucha amorosa, con una mirada de aceptación, con una talante de eternidad… “Nada te turbe, nada te espante…” debería constituir el talante para afrontar cualquier acontecimiento vital.
No se puede transformar nada desde el desconocimiento. Cualquier cambio exige inicialmente aceptación, sin lamentos ni amarguras, asumiéndolo con amor divino. Sólo un acontecimiento vivido en presencia de Dios puede fortalecer el alma humana.
Cualquier suceso, sea de naturaleza interior o exterior, debe estar iluminado por la Palabra. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento no existe problemática que no se solvente. Y si alguna circunstancia nos parece una injusticia, basta con confiar en la justicia de Dios, en Su profundo amor y en Su eterna misericordia, porque sólo Él conoce los secretos del corazón. Y tiene la medicina para el desaliento.

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¡Padre de bondad, ayúdame a meditar cada palabra tuya desde un corazón abierto a tu llamada! ¡Tu conoces lo que anida en lo más profundo de mi corazón, tu conoces mis anhelos y mis tristezas, tu sabes que mi corazón necesita descansar en Ti! ¡Dame una fe firme para no caer en el desaliento, para liberarme de toda pesadumbre y para aceptar siempre Tu santa voluntad! ¡Enséñame, Espíritu Santo, a orar con cada palabra que pronuncio para saborear el dulce amor del Señor aceptando cada acontecimiento de mi vida!

Un corazón que sabe que Jesús vive” (Ein Herz, das seinen Jesum lebend weiß) es el título de esta cantata BWV 134 de J. S. Bach, tan apropiada en estos días de la Resurrección de Nuestro Señor:

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3 comentarios en “Vencer el desaliento con mirada de aceptación

  1. Gracias, muchas gracias. Estas palabras son bálsamo para mí. Mi hija de 27 años teje un camino de dolor para mi madre y para mí. Averiguaré el origen del desaliento, y lo desmantelaré.

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    • Rosa, por ti y por tu hija oramos;
      Señor, nos conoces a cada uno de nosotros y a cada uno nos llamas por nuestro nombre y das a cada persona una vocación para llegar a la salvación y para darle gloria. Ilumina a la hija de Rosa Davó para que descubra el camino de la Verdad, el camino que has señalado para ella. Ilumina su mente con tu luz, sostenla con tu fuerza, para que no se contente con el mal. Ilumina también a Rosa, para que le ayude a conocer el camino del bien sin poner impedimentos a su libertad.
      Sostén a esta familia, Señor, en el espíritu de la fe, en la paz y en la unidad del amor y haz que se encuentren unidos a Ti eternamente. Te lo pedimos, Señor. Amén

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