La vocación de los hijos

Todos estamos llamados por el Señor a una vocación concreta. Y llama a todo el mundo. Él nos habla. Realiza una llamada permanente para que nos acerquemos a Él pues no desea que ninguno de sus hijos, fruto de su Creación, se pierda. Todo objeto preciado busca custodiarse. Y así hace Dios. Y así debemos hacer nosotros con nuestros hijos.
Cristo camina a nuestro lado, lleno de amor y de misericordia. Pero también al lado de nuestros hijos. A esos hijos que hemos cambiado pañales, enseñado a montar en bicicleta, leído tantos cuentos antes de acostarse, corregido cuando se volvían insoportables, contestado cuando soltaban preguntas sorprendentes, felicitado por su esfuerzo escolar, aplaudido en el festival de la escuela… No importa que edad tengan. Son nuestros hijos —regalo de Dios— y en nuestro corazón no dejaran de ser unos niños. Un don sagrado que hemos de cuidar con devoción.
Nuestros hijos van creciendo y van haciendo planes de vida. Los estudios universitarios, la formación profesional, el trabajo, el noviazgo vivido desde la fe cristiana, el matrimonio, la llamada a la vida religiosa… A cada uno de ellos Dios les llama a una vocación específica. Por eso, como padres responsables y conscientes de sus limitaciones y sus virtudes, hemos de rezar cada día por la vocación de nuestros hijos, para que sea cual sea, obtengan la gracia para descubrirla y aceptarla no según su voluntad sino según la voluntad de Dios que es quien orienta nuestra —su— vida. Rezar por la madurez de sus decisiones y orar por nuestros comportamientos como padres para convertirnos en modelos ejemplares de sus vidas, no en vano somos nosotros los primeros educadores. Rezar por su santidad, por sus anhelos y sus esperanzas. Pedir por su felicidad. Cada uno según sus capacidades y sus destrezas, no según nuestras esperanzas y nuestro egoísmo. Dios sabe lo que tiene entre manos. Nuestros hijos son también hijos suyos. La diferencia es que Él nos los ha puesto en custodia.

Captura de pantal-20 a las 16.13.03

¡Padre, te damos gracias por los hijos que nos has dado y ayúdanos a respetar los planes que tienes para ellos! ¡Tu sabías de su existencia antes de que llegaran a la vida, danos la sabiduría, la fortaleza, la alegría, el compromiso, la entrega, la generosidad, el cariño, la serenidad y la paciencia para instruirlos, formarlos, guiarlos y corregirlos! ¡Espíritu Santo guía nuestro camino como padres para llevarles por el camino del bien! ¡Fortalece, Espíritu Santo, el amor que tenemos por ellos! ¡Ayúdanos a ser ejemplo de bondad, reciedumbre, ejemplaridad y amor! ¡Espíritu Santo, muéstrales su vocación para que sepan recorrer con fidelidad su camino en la vida! ¡San José, padre adoptivo del Salvador, ayúdanos con tu ejemplo a servirles bien! ¡María, Madre de Dios, mira a tus hijos con amor y con tu predilección de Madre, protégelos y cúbrelos con tu manto!

Del maestro andaluz Alonso Lobo, insigne compositor del siglo XVI, os invito a disfrutar del kyrie de su Misa de María Magdalena. Una pieza de una gran belleza para cerrar la jornada laboral:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s