La caridad desde la oración

Último fin de semana de abril con María, Reina de la Caridad, en nuestro corazón. Vivir la caridad en todas sus dimensiones es tarea ardua, lógicamente, porque la carne es débil e inconscientemente buscamos lo cómodo, lo fácil y sin complicaciones; el amor suele infiltrarse muy sutilmente hacia la vida facilona y de poco sacrificio ante la creencia de que ya hacemos bastante por Dios y por las almas; por eso conviene hacer actos de humildad reconociendo nuestras caídas y miserias.
A veces no tenemos ganas de pronunciar ni siquiera una jaculatoria; tampoco es necesario sentir la presencia de Dios, pues las cosas espirituales no son sensibles ni mucho menos, ya que caeríamos en la rutina del sentimentalismo; pero sí es necesario no abandonar la oración y aumentarla en cuanto nos sea posible puesto que la oración es el contacto con Dios, es buscarle a Él, es dejarnos envolver en el silencio sobrenatural y volver rápidamente a la vida de actividad externa.
La caridad –donde hay caridad, hay felicidad– nos obliga a superarnos cada vez más en la oración, ya que de ella saldremos con plenitud de caridad y amor a todas las almas –incluso aquellas que nos provocan daño– y, sobre todo, lograremos poseer esa maravillosa devoción a María, nuestra Madre, que nos enseña el conocimiento del Espíritu Santo para que nos otorgue el Don precioso de esta virtud.

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¡Espíritu Santo, tu que eres fuente de alegría, brisa en angosturas de amor, consuelo de llantos y penas, guía en el caminar diario, llena mi alma de la claridad divina para ser más caritativo con los demás! ¡Ilumina, Espíritu divino, todos los caminos de mi vida para que yo alcance el ideal que el Padre tiene preparado para mi! ¡Gracias, Espíritu de amor, porque me otorgas el don divino del perdón y del olvido del mal recibido! ¡Enséñame, Padre, a ver a tu Hijo Jesús en todas las personas que me rodean, especialmente en los momentos de angustia, enfado y tribulación! ¡Quiero, Señor, recibir todo lo que me regalas y dar todo lo que quiero entregar con una gran sonrisa en el rostro y en el corazón! ¡María, no separes tus dulces ojos de mi hogar y muéstrame tu rostro caritativo para hacer el bien a los demás! ¡María que seas mi dulce consuelo, mi ejemplo a seguir, mi espejo de caridad!

En este sábado, del maestro medieval Magister Leoninus nos deleitamos con su organum a 3 voces Gaude Maria Virgo:

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