El mes de la humildad de corazón

Primer día de mayo, el mes de las flores, el mes de la primavera alegre, el mes de las comuniones, el mes de la belleza natural de los campos. Hermoso día que da comienzo al mes de María, el alma delicada y servicial que ofreció su vida por Cristo. Como cantamos en el Magnificat, la oración por excelencia de la Virgen, Dios enalteció a María hasta lo más alto. La respuesta de María es el mayor ejemplo de humildad que cualquier ser humano haya pronunciado en la historia: “Ha mirado la humillación de su esclava”. Palabras profundas, fruto de la oración y la entrega. No es un mero acto de humildad sin más, estas palabras son consecuencia del perfecto conocimiento que la Virgen tiene de sí misma. Ante el poder y la santidad de Dios, María es consciente de que como persona es incapaz de realizar nada sin el empuje de la divinidad. ¡Qué enseñanza, Dios mío, qué testimonio de fe!
Nos sentimos los hombres orgullosos de nuestra humildad. Pronunciar esta palabra es sencillo. La dificultad la hallamos en el momento de vivir esta virtud. La humildad se alcanza con la entrega del corazón y el abrazo permanente de la aceptación de lo que uno es. No basta con tener fuerza de voluntad. Es un reconocimiento que supera lo que otros piensen o digan de nosotros, de como otros actúen contra nosotros, porque la clave radica en abrirse siempre a la voluntad de Dios, descubriendo en cada detalle de nuestra existencia -tanto en los momentos de alegría como de sufrimiento- su ternura, su amor y su protección. Cualquier acontecimiento de nuestra vida cuenta con el beneplácito de Dios porque son sus planes los que nos redimen.

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¡María, en este primer día de mayo, cúbreme con tu manto protector, hazme ver siempre cuál es el camino de la humildad! ¡Dame capacidad para amar con el corazón! ¡Llévame de tu mano, María, para recuperar esa relación con Dios que me hace tan humano y tan de Él! ¡María, Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acuérdate de mí, miserable pecador!

Os invito a vivir este primer día del mes de María con un Magnificat precioso de Giovanni Gabrieli, uno de los grandes músicos venecianos que transitaron entre el renacimiento y el barroco:

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