¿Y cómo estoy yo de paciencia con los demás y con mis cosas?

Le decía hace unos días a una persona con la que colaboro: “Esperamos frutos inmediatos, pero el resultado final será consecuencia de nuestra paciencia”. Este es el motivo por el que los hombres sufrimos tan a menudo: somos incapaces de aceptar la situación cuando las cosas no salen como las hemos previsto. Si lo extrapolamos a nuestra vida interior el problema surge cuando no aceptamos los renglones torcidos que surgen regularmente en nuestro transitar por esta vida sea por las personas o por las circunstancias.
Cortar por lo sano, es la tendencia del hombre cuando lo que deseamos no se soluciona, cuando los defectos ajenos nos superan, cuando los comportamientos de personas queridas nos dañan; en realidad, cuando somos incapaces de entender que detrás de las debilidades también hay belleza. Vivimos en una sociedad intolerante —miro mi interior y prefiero cerrar los ojos—, que se enerva ante los defectos ajenos sin tener en cuenta los propios, que juzga sin atender a los propios errores, que murmura sin ser consciente de las propias debilidades. Que no tolera que un árbol de ramas torcidas no sea capaz de dar frutos. Nos parece, incluso, algo increíble porque es sinónimo de fracaso. Pero no somos capaces de entender que incluso lo que no da frutos Dios también lo ama.
Pero a diferencia de nosotros —¡pobres de nosotros!— la forma con la que actúa Dios es diametralmente opuesta porque para en Él hay una virtud que allana todo el inconformismo. Es la paciencia. La paciencia de Dios es infinita. La paciencia de Dios es un símbolo de su grandeza. La paciencia de Dios está en armonía con la justicia y la misericordia.
¿Y cómo estoy yo de paciencia con los demás y con mis cosas? ¿Soy capaz de entender que es necesario podar las ramas de ese árbol para que den frutos? ¿O la impaciencia carcome mi interior esperando frutos inmediatos? Y si no los consigo, ¿descargo mi furia con quien tengo al lado? ¿Mi carácter se desboca demolido por la frustración y el desengaño? ¿Soy capaz de controlar la situación? ¿Soy capaz de entender que el dolor de la poda es imprescindible para que el árbol dé frutos esperados?
Primavera y Pascua. Es bonito que coincidan ambos periodos en el tiempo porque tienen algo en común: nacer de nuevo. En la primavera surgen los brotes nuevos de los árboles; en la Pascua, la poda de la Cuaresma da lugar al nacimiento del hombre nuevo. Es una alegoría hermosa porque la primavera se hace presente en nuestra alma. Y toda primavera es alegría, y la alegría es confianza, y la confianza genera frutos. Y el mayor fruto del hombre es el amor a través del cuál seremos capaces de ser más pacientes con nosotros mismos y con los demás.

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¡Padre bueno, poda las miserias de mi corazón para hacer de mi un hombre nuevo! ¡Tu me amas, Señor, y esperas con paciencia los frutos en mi vida, que sea capaz de hacer lo mismo con las personas que me rodean! ¡Perfeccióname en la debilidad, Señor, para ver el lado bueno de cada situación y de cada circunstancia que me toque vivir! ¡En este tiempo de Pascua, Señor, quiero poner los ojos en Ti, para dar frutos verdaderos, podar lo que daña mi corazón! ¡Espíritu Santo, dame el don de la paciencia para contemplar con alegría todo aquello que me pueda causar pesimismo, que permita moderar la tristeza cuando no obtenga los frutos esperados y tenga mansedumbre para moderar mis enfados! ¡Espíritu Santo, dame el don de la santa paciencia para soportar sin quejas, esperar con alegría los planes de Dios en mi vida, para creer en la verdad de Dios y permitir que sus frutos maduren en mi corazón, para vencer las mentiras del demonio que injerta en mi ideas negativas y la impaciencia en mi interior, para cumplir las tareas cotidianas sin lamentos y con alegría! ¡Asienta, Señor, en mi la sencillez de corazón para ver tu rostro en cada persona que se cruza en mi camino y esperar de él lo que sus capacidades puedan dar!

Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit (El tiempo de Dios es el mejor) titula J. S. Bach su cantata 106 que hoy disfrutamos acompañando esta meditación sobre la paciencia infinita de Dios:

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