Como la obra maestra de sus manos

Segundo sábado de mayo. María muy presente en este día de comuniones. Me acuerdo especialmente de los niños que hoy se acercan al Señor. Ellos, como nosotros, han existido desde la eternidad en la mente de Dios. Pensaba Él en nosotros de manera particular cuando todavía faltaban millones de años para nuestra existencia en este mundo. ¡Maravilloso saber que Él ya nos amaba!… Si esto se dice de todos e individualmente de mi ¿qué podríamos decir de María? Ella ocupó la mente de Dios con más delicadeza que la de los demás.
Cuando un artista desea expresar en sus obras lo que ha concebido en su mente traza previamente en un boceto su idea para modelar esa imagen en todo su esplendor. Así concibió Dios a María, como la obra maestra de sus manos, como un delicado frasco de alabastro. Ella representa el resumen de toda la creación, de toda la grandeza de su amor. Se inspiró tal vez en los ángeles para dotarla de pureza; en los patriarcas para robustecer su fe; en los profetas para agrandar su perserverancia; en Ruth, para dotarla de modestia; en Judit, para conferirla de valor…; en Esther, por su confianza en Dios; y en su mismo corazón para darle la capacidad de amar, con ese corazón mismo la Virgen amaría a Dios y a los hombres como Él mismo nos ama.
En este sábado tan especial siento como Dios quiere que yo también imite a María en esto. Que entienda que he sido predestinado a los demás, a ser generoso, entregado, amable, con capacidad de perdonar y de amar, de eliminar el rencor de mi corazón, de desterrar la soberbia de mi alma, de olvidar las afrentas de un amigo, de un familiar o un compañero de trabajo. Con María a mi lado sé que esta gracia nunca me faltará porque la dignidad de mi corazón está ligada íntimamente a María. ¡Ella es mi Madre! ¡Ella me da la oportunidad y la alegría de ser hijo de Dios! Y comprendo entonces por qué el Señor quiere que sea Ella la idea dominante de mi vida, que procure que sea María la idea directriz y motriz de todos mis actos. Que sea capaz de hacerlo todo pensando en Ella, viéndola a Ella, acomodándome a Ella, convirtiéndome en una imagen suya viva y perfecta.

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¡Señor dame la gracia para conseguirlo! ¡María ofréceme tu ayuda y protección, para lograrlo en adelante! ¡Madre mía, me acerco a Ti en este sábado para bendecirte y darte gracias por las cosas grandes que Jesús ha hecho en mi vida! ¡Quiero consagrarte todos mis pensamientos, mis obras, mis acciones, mis palabras y te pido que las bendigas! ¡Intercede ante Tu Hijo, Madre mía, para que me esfuerce por vivir la fe, la esperanza y la caridad de la que Tu eres ejemplo! ¡Concédeme, Madre, la posibilidad de imitarte en Tu vida de oración, de humildad, de fidelidad, de obediencia, de sacrificio, de silencio, de sencillez y de perseverancia! ¡Quisiera, Señora mía, que transmitas a Tu Hija que le quiero amar con locura aunque mi egoísmo a veces me aparta de Él, que mi deseo es la santificación aunque soy tantas veces caigo en la misma piedra y que estoy dispuesto a lo que Él me pida aunque con frecuencia decaigo en la apatía! ¡María que nunca prescinda de Ti, como es el deseo de Dios, que no llegue en mi locura a estropear o inutilizar este plan de Dios por mi amor propio, por mi egoísmo o por cualquier otra pasión que me aparte de Ti o de Tu Hijo!

En este día de comuniones, una bellísima canción que nos acerca a la Eucaristía: Un corazón que mana.

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