Victimismo de mártir

Todos conocemos personas que se las dan de mártires; «¡No hay derecho!», «¡Qué desastre, siempre me pasa a mi!», «¡Qué mala suerte!», «¡Otra vez, esto no hay quien lo aguante!», «¡No puede ser!», son las expresiones favoritas. Actores oscarizados del gimoteo. La obra preferida que representan es Ir de mártir. El lamento es la única música desafinada que sus palabras pronuncian. Con esta actitud —no hay que olvidar que el mundo se ha confabulado contra ellos— reclaman la atención y están convencidos de que serán más felices, más prósperos, mejores en todos los sentidos, si no se les hubiese tratado mal o no se hubiesen visto obstaculizados por las circunstancias.
¿Cuál es la consecuencia de echar la culpa de lo que acontece en nuestra vida a los demás? Ante todo, al no valorarnos a nosotros mismos, nos absolvemos de responsabilidad en lo que se refiere a nuestros problemas y nuestro estado anímico. Nos damos a nosotros mismos permiso para no buscar soluciones, para no actuar, para no cambiar. Hacemos las cosas por deber pero sin ponerle ilusión ni alegría. Nos corroe la envidia y surgen los recelos. El resultado final es que la situación sigue encallada, con cambios de humor tendentes a la tristeza, con mayor propensión al egoísmo y con incapacidad para sentir paz y serenidad interior.
El martirio es un acto heroico si está basado en la genuina fe en Cristo y su amistad con Él. De lo contrario nada tiene de positivo. Es un viaje agitado y convulso marcado por las dificultades del principio al final. Es por ello, que para vivir felices hay formas de liberarnos de esta forma paralizante y desgarradora de egocentrismo.
En lugar de concentrarnos en nosotros mismos como víctimas inmoladas, existe la posibilidad de dirigir la atención hacia las soluciones. Se trata de aceptar en el día a día todo lo que nos sucede, tratando de no darle trascendencia a lo que sintamos a causa de ello. Averiguar que nos sucede. Lo más importante es que podamos pedirle a Dios que nos indique el camino cuando empezamos a asumir la responsabilidad de nuestra vida.
Un mártir que no se entregue a Cristo es más víctima de si mismo que de las otras personas.
El martirio es un signo, una expresión de honestidad de la persona y nada ni nadie está legitimado a desvirtuarlo. El mártir del siglo XXI, además del que perseguido derrama su sangre por Cristo —y lamentablemente esta situación es cada vez más frecuente—, es aquel que en su día a día entrega su yo por quienes le rodean en honor al Evangelio. Y, eso, no permite la queja, el lamento ni el gimoteo.

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¡Señor, mi egoísmo y mi soberbia me impiden muchas veces ver tu rostro! ¡Y me convierto en víctima, Señor; y cuando te veo en la Cruz me derrumbo por mi impotencia! ¡Señor, cuántas veces intento rezar y no me salen las palabras! ¡En cuántas ocasiones mi oración es gélida y silenciosa! ¡Pero sé que Tu estás ahí, sintiendo y haciendo tuyo mi silencio! ¡Aquí tienes, Señor, mis sufrimientos, mis anhelos, mis miedos, mis incertezas, mis pesares, mi presente y futuro que me convierten en un mediocre por tanta queja! ¡No quiero ser ni parecer un mártir pero a veces la vida me ahoga y necesito que Tu te hagas cargo de mis asuntos! ¡Sin tu presencia en mi vida, Señor, todo es más difícil de asumir y aceptar! ¡Aún así te doy gracias por todo, mi Señor! ¡Espíritu Santo, dame el don de fortaleza para superar las situaciones complicadas, el don de consejo para aceptar el querer de Dios en mi vida, el don de piedad para tratar a Dios con confianza y el don de sabiduría para saber encontrarle en cada una de las cosas que me suceden! ¡María, Señora de la alegría, concédeme el don de la alegría para vencer las angustias y los pesares! ¡Que se haga siempre tu voluntad, Señor, porque yo sólo deseo en mi vida aquello que Tu quieres para mi! ¡Y finalmente, Señor, te pido por los cristianos mártires perseguidos para que, con tu fuerza, permanezcan fieles a Ti en su testimonio, y su sangre derramada sea semilla de esperanza para nuevos cristianos!

Hoy comparto el Concierto para dos violines BWV 1043 de Juan Sebastián Bach:

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