Con todo mi corazón: «Te quiero, Madre»

Segundo sábado de junio con María en nuestro corazón. Hoy celebramos la fiesta de su Inmaculado Corazón que nos remite al Sagrado Corazón de Jesús, festividad que celebramos ayer. Y es que en María todo nos dirige a Jesús. Los corazones de Madre e Hijo están unidos en el tiempo y en la eternidad…
Un grupo de amigos viajan hoy hacia Lourdes acompañando a enfermos sin medios económicos. Los tengo presentes en mis oraciones. Durante una semana los pondrán a los pies de la Virgen, orarán con ellos y les ofrecerán lo mejor de sus vidas para servirles con el corazón abierto. Y el Corazón Inmaculado de María los acogerá con amor de Madre.
Recuerdo con alegre nostalgia mis viajes a Medjugorje, a Lourdes, a Czestochowa, a Fátima o a Mariazell. Lugares marianos donde la presencia de la Virgen está tan viva. Se respira en el ambiente.
Cierro los ojos y mi memoria se llena de imágenes maravillosas. Los peregrinos, llenos de fe, que alzan sus brazos para honrar a María; que miran con esperanza los rostros de la Madre a la espera de ese milagro que transforme su corazón; que imprecan oraciones de alabanza a la Señora.
En este sábado quiero trasladarme a estos lugares mientras el teclado del ordenador pone en orden mi meditación diaria. Acercarme al Inmaculado Corazón de María, para llenar mi vida de su vida, para evitar que caiga en lo fácil, en lo cómodo, en lo que no me compromete de verdad en mi realidad como cristiano.
Deseo que este sábado de junio sea un día de alegría. Un día en el que sea capaz de ver el corazón de los que me rodean, sentir junto a ellos sus alegrías y sus penas, como haría María; buscar un rincón para mirar al Cielo y decirle a la Señora: «Te quiero, Madre». Y escuchar en el silencio del ambiente como mi corazón late porque Ella corresponde a mis palabras. Entrar en un templo y razar ante una imagen de María y ofrecerle mi vida y mis súplicas para que con sus santas manos las eleve al Padre. Y rezarle devotamente un Ave María, la oración del saludo del Ángel y el saludo de la Iglesia a la Virgen, esta maravillosa plegaria de confianza, de amor y petición a la Madre de Dios y Madre nuestra. O una Salve o cualquier rezo que de mi corazón surja ante la más bendita de entre todas las mujeres.
Y deseo también ensimismarme ante su figura. Tomar como ejemplo su sencillez, su generosidad, su humildad, su pureza, su amor, sus buenos consejos, su obediencia… Y decirle a la Madre que interceda ante su Hijo para que me perdone y que me comprometo a ser más entregado, más auténtico, más sincero en mi vida cristiana.
Y pedirle que no se aparte de mi lado, que cada día que pase su presencia sea más necesaria en mi vida, reconfortándome y llenándome de su gracia. Y sentirme como un niño en los brazos de su Madre.
Y pedirle que me enseñe a amar, a dejarme amar, a transmitir amor, a dar amor, a recibir amor. Porque el amor es el principio de la vida.
Pero sobre todo quiero en este sábado mirar y contemplar a Jesús a través de los ojos de Su Madre, de la dulzura y el amor del Inmaculado Corazón de María.

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¡María, Señora del amor hermoso, quiero estar preparado para cuando Tu Hijo llame a mi corazón! ¡Me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón y te consagro mi cuerpo y mi alma, mis pensamientos y mis acciones! ¡Gracias, Señor, por el Inmaculado Corazón de María y quiero pedirte la gracia de descubrir sus encantos y los necesarios auxilios para recorrer esta vida! ¡Ayúdame María a estar siempre despierto para recibir a Tu Hijo Jesús! ¡Ayúdame a estar siempre alegre para cuando llame a mi corazón vea mi alegría cristiana! ¡Ayúdame en este día a que mis sueños humanos no eclipsen la voluntad del Padre en mi vida! ¡Que lo material, lo efímero no anteponga todo lo verdadero! ¡Ayúdame, María, a estar en vela para iluminar los caminos, para que pueda caminar por ellos para ir al encuentro de Tu Hijo y de tu mano de todos los que me rodean! ¡Quiero aprender de Ti María tu sencillez, tu generosidad y tu entrega! ¡Te quiero, Madre, te quiero! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

En este sábado tan hermoso dedicado a María os presento una bellísima Salve Regina del compositor vasco Ricardo Morales. Merece la pena disfrutarla:

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