Nadie ha dicho que mi vida vaya a ser fácil

En las dificultades económicas sabemos hasta qué grado la angustia se cierne sobre nuestra vida. La experiencia de la preocupación por lo material es innata en el hombre pero visto desde la perspectiva de la fe todo puede convertirse en relativo.
Le pido hoy al Señor una palabra. Abro la Biblia y surgen, maravillosas, estas palabras: «No os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. A cada día le basta su afán».
Cristo es consciente de que la existencia de los seres humanos transcurre por el signo de la preocupación y el desasosiego: la preocupación por una vivienda digna, por la comida, por el dinero, por el vestido, cumplir con el pago de las facturas, del colegio de los niños… en definitivo, por el mañana inmediato. El miedo, la incertidumbre, la intranquilidad dominan la relación de los hombres con el entorno. El temor y la incerteza a carecer de lo fundamental e, incluso, de aquello que a todas luces es innecesario. Pavor a perder lo que se tiene. Miedo a quedarse sin nada. El peso de este dolor es una carga muy pesada que merma la felicidad del hombre.
«No te preocupes». Esta frase ha resonado durante mucho tiempo en mi corazón. Jesús considera que esta carga que domina el dolor del hombre es indigna si uno esta unido íntima e espiritualmente a Su Padre. Y propone que nos liberemos de ella descargando en Él todos nuestros miedos y angustias —propios de corazones empequeñecidos y indigna de los hijos de Dios—.
Jesús no invita a nadie a despreocuparse de sus problemas y a vivir en el limbo de la esperanza. Cristo es consciente de que todo ser viviente —incluso los pájaros del campo— necesitan alimentarse cada día. Que sus nidos han de construirlos con el esfuerzo de su trabajo. Jesús no niega el afán de cada día pero establece una jerarquía de principios que tienen como valor supremo al hombre por encima de las cosas. Lo material es la debilidad del hombre. Y para evitar las cosas esclavicen al hombre y le provoquen inquietud e incertidumbre Jesús se ha propuesto dignificar su vida.
Sólo la confianza en la providencia divina desarraiga la inquietud en el corazón de las personas. La confianza es la prueba que contrapone todo desapego a lo material y rompe todo vínculo con la turbación que provoca el miedo. Dios —nuestro Padre, «Vuestro Padre», dirá siempre Jesús— conoce perfectamente cada una de nuestras necesidades. E, incluso, se hace íntimamente cargo de ellas.
La vida no es un camino de rosas. En ninguno de los pasajes del Evangelio, Jesús promete que nuestra vida vaya a ser fácil. No ofrece un paraguas para cubrirnos de la tempestad ni un escudo para repeler el sufrimiento. No brinda pólizas de seguro ni revela fórmulas mágicas. La verdad de su palabra se enriquece por la entrega sincera a la experiencia de la confianza. Volcarse en las manos del Padre bueno. No hay seguridad más firme que la basada en la experiencia filial con la mano providente que hace indestructible cualquier abismo de desconfianza y atempera todo drama en la vida humana.
La confianza perfecta, absoluta, auténticamente bendecida es aquella que pone toda su dimensión en la dramática noche de la desesperanza a la espera de que la voluntad de Dios se cumpla. Y Dios al final lo único que desea es la felicidad de cada uno de sus hijos.

dinero

¡Padre Bueno, te suplico que ante las dificultades de mi vida seas generoso conmigo! ¡Auqnue no lo merezca, alcánzame con tu poder lo que te pido con profunda y sincera humildad: líbrame de las angustias presentes y dame el consuelo de la confianza y la esperanza! ¡Dame fortaleza, Señor, para afrontar las carencias y los problemas del día a día! ¡Tiende tu mano misericordiosa para auxiliarme ante las angustias y sufrimientos que esta situación genera! ¡Dame, Espíritu Santo el don de la sabiduría para encontrar salidas a estos problemas que me agobian! ¡Dios mío, para TI nada hay imposible y yo creo en tus actos providentes! ¡Te presento todas mis preocupaciones y espero en tu gran misericordia que siempre se hace presente en el momento que más inesperado! ¡María, Señora de los desconsolados, tu manifiestas siempre clemencia y compasión hasta los que solicitamos tu amparo, escucha mis oraciones para presentarlas a Tu Hijo! ¡Tu que me guías cada día, tu que eres la más solícita y Hermosa de las Madres, ayúdame a alcanzar la gracia de solventar todos los problemas que tanto me afligen! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!

Comenzamos la semana pidiendo a la Virgen que nos acompañe junto al Sagrado Corazón de Jesús con este hermoso Hymne Acathiste à la Mère de Dieu:

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