Abnegación, propiedad esencial del cristiano

Una de las frases que pronuncia el Señor y que más me impresiona es «Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Aparece, luminosa, en el Evangelio de san Marcos. Conmueve el corazón porque la abnegación es una afirmación rotunda de Jesús para quien la renuncia de uno mismo es esencial en el camino que lleva a Dios. ¡Cuánta fuerza de voluntad se requiere para alcanzar esta propiedad esencial del cristiano! ¡Y cuántas veces la he desperdiciado!
La abnegación de la que habla Jesús comporta otras exigencias, entre otras la renuncia a nuestra forma de vida, la invitación a entrar por la puerta estrecha, dar fruto, orar, aceptar la persecución, rechazar el pecado, tener autodisciplina, ejercitar la templanza…
Humillándose a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz, Jesucristo ejemplifica la más grande abnegación y simboliza la renuncia más extraordinaria del ser humano. Y eso es lo que pide a todos los que deciden seguirle como discípulos suyos. Abandonarse por completo a Dios. Renunciar al yo. Eliminar la soberbia y el egoísmo. Vaciarse de ese hombre viejo para convertirse en hombre nuevo, testimonio de autenticidad. Querer lo que Dios quiere. Desapegarse de las comodidades, los caprichos y los placeres. Dominar las apetencias de la gula. Ofrecer a Dios las incomodidades cotidianas y relativizar los pequeños problemas. Abandonar la vida fácil y cómoda. Concienciarse de reproducir en nuestra vida la vida de Jesús. Expulsar la pereza. Autenticidad para reconocer las propias mentiras. Mirar el sufrimiento y la enfermedad a través de Jesucristo. Vivir el dolor como prueba de fe y valor de intercesión y redención.
Desde el día en que vio la luz en un humilde portal en Belén a su muerte crucificado, golpeado y llagado, en un madero en lo alto de un monte, abandonado de todos, vilipendiado y ultrajado, Cristo hizo suyos todos estos comportamientos que hoy deben inspirar mi vida cristiana tan acomodada con sacrificios, renuncias y mortificaciones, sí, pero que logro —o al menos lo intento— mirándome complacido al ombligo.
Difícil apuesta la de la abnegación porque hemos disminuido hasta grados muy elevados la resistencia al dolor, las privaciones y el sufrimiento. Vivimos saciados y es complicado salirnos de nosotros mismos. Anhelamos la felicidad y llenamos nuestra vida de adornos artificiales para lograrla. No dejamos que Dios sea Dios, ni que el otro sea otro.
Abnegación. Una palabra que me invita a crecer. Sacrificar la voluntad, los apegos, los intereses, los afectos, los egoísmos y ponerlos al servicio de Dios y del prójimo.
La lógica de la abnegación es la que persigue la felicidad del Reino: hacerse pequeño para llegar a lo alto; desprenderse de lo que tenemos para obtener el mayor de los tesoros; morir para vivir; humillarse para ser ensalzado; ser el último de los últimos para acabar siendo el primero; negar nuestro yo para buscar y aceptar la voluntad de Dios. En definitiva, interiorizar lo que diariamente oramos en la más bella de las oraciones que nos enseñó el Señor: «hágase tu voluntad».
¡Está en juego mi existencia, elegir entre una vida llena o una vida vacía! Apostar por el tener más o del darse más. Renunciar a mis propios sentimientos para dar paso al amor. Negarme a mí mismo para entregarme a los demás. ¡Qué reto más fascinante tengo por delante!

Cristo-Posters

¡Señor, que ejemplo eres para mí de hombre comedido, austero, sacrificado, generoso, sobrio, dadivoso, que rechaza lo cómodo! ¡Ayúdame a abrazar y seguir la Cruz, aceptar la voluntad del Padre, asumir mis culpas y faltas, aferrarme a la gracia para vencer el pecado, despojarme del egoísmo y la soberbia, de mis pasiones y de mis tantas equivocaciones! ¡Quiero serte fiel, Señor, a pesar de que tantas veces me cuesta y tanto me exige pero sé que es el único camino a la resurrección! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a buscar la madurez cristiana, la santidad de vida, a crecer según los criterios de Jesús! ¡Gracias, Señor, porque me recuerdas que para alcanzar la santidad el camino pasa por la cruz! ¡Ayúdame a cargar mi cruz con convicción cristiana y con amor porque soy consciente de que todo lo que acontece en mi vida es una muestra de tu amor y tu predilección por mí! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Música del gran compositor francés Lully para acompañar esta meditación. El Grand Motet-Exaudiat te Dominus:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s