Pon tus dones al servicio de los demás

La afirmación de que la vida no es algo sencillo es muy común en nuestros pensamientos y en muchas de las conversaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo. ¡Hay tantas evidencias que lo atestiguan!
Sin embargo, vivimos en la sociedad de la abundancia con una multitud de cosas que cubren, de sobras, todas nuestras necesidades más básicas. Existen numerosas organizaciones e instituciones públicas y privadas que ayudan a resolver los problemas de tantos que sufren todo tipo de precariedad. También los vacíos de nuestra existencia se logran llenar con un amplio abanico de propuestas de todo tipo.
Me decía alguien que su vida está muy llena. Su tiempo está repleto de multitud de actividades. «¿Tienes tiempo para la reflexión? ¿Sientes que tienes libertad para llevar una vida serena, con paz interior?», le pregunto. «Vivo el presente a un ritmo frenético. ¡La vida está para disfrutarla!», responde orgulloso. Así es parte de nuestra sociedad.
Pero yo, ¿debo seguir también este camino? ¿Puedo vivir serenamente sin pensar en los angustiados, en los sufrientes, en los desesperados, en los que sufren la injusticia, el deshonor, la marginación social o eclesial, la pobreza…? Es evidente que la vida de los demás no está en nuestras manos pero hay una máxima valiente y decidida que es oponerse al peso predominante de lo que vive el mundo actual y rebelarse contra el egoísmo, comenzando por el de uno mismo que es el más complejo de desmarañar.
Los dones de cada uno hay que ponerlos siempre al servicio de los que nos rodean. Es la manera de que Cristo se manifieste a los demás por medio de nuestro corazón amante.

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¡Señor, te pido de corazón que me ayudes a percibir cada día tu presencia en las cosas cotidianas que me suceden para que pueda convertirme en un verdadero discípulo tuyo! ¡Espíritu Santo, que inundas con tus dones mi inteligencia, ayúdame a no descuidarme y seguir el camino fácil y comodón que ofrece este mundo! ¡María, tu que eres ejemplo de fidelidad y compromiso, guía con tu mirada cada una de las decisiones que van labrando mi vida! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

En este domingo disfrutamos de la Missa di Gloria del compositor checo Frantisek Xaver Brixi (1732-1771), que en su tiempo fue considerado como “felicissimus ingenii”. ¡Feliz domingo!

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