Dos columnas que sostienen mi fe

San Pedro y San Pablo, el pescador de hombres —confesor de la fe— y el apóstol de los gentiles —propagador de la fe—. Dos columnas. Dos carismas. Dos mártires. Dos sólidas instituciones —la roca y el baluarte— de la Iglesia. Dos piedras angulares sobre las que se edifica mi fe cristiana. Dos fundamentos apostólicos. Dos guías para mi camino en la vida cristiana. Dos maestros de la unidad. Dos misioneros del Evangelio. Dos santos que sustentan mi alegría de cristiano.
Hay una declaración de principios gloriosa que ha tocado mi corazón en tiempos recientes. Es de san Pablo :«Ay de mí si no evangelizara». Y en eso pongo mi empeño con mi fragilidad de hombre y mis múltiples imperfecciones.
Como Pedro también soy un hombre frágil y quebradizo, apasionado y ardiente; pero intento ser amigo verdadero y amoroso de Cristo, al que he negado muchas veces pero al que vuelvo día sí, día también porque en Él está la Verdad y la Vida. Como Pedro me arrepiento de estas negaciones, acepto las dificultades que conlleva el evangelizar, acepto con humildad lo que Dios tiene pensado para mi, me enorgullezco de mi condición de cristiano seguidor de Jesús y me alegro en la medida que puedo compartir los sufrimientos de Cristo. No soy ninguna roca, sino un guijarro que conforma esa sólida institución que es la Iglesia, trato de servirla con fidelidad y amarla con un corazón alegre.
Como Pablo soy fogoso y perseverante en todo lo que hago y, especialmente, en las cosas de Dios, trato de ser un apóstol de la verdad, con mis múltiples caídas y mis errores; intento ser un celoso misionero de la Palabra y del Evangelio y proclamo que Jesús es el único Señor y Salvador del mundo; Cristo es, sin discusión alguna, mi mayor pasión y estoy dispuesto a derramar mi sangre por Él. Me identifico con su proclama de que si no tengo amor y no doy amor, no soy nada y su Himno a la caridad es una de mis banderas. Siento que como a Pablo, Cristo me ha dado la misión de evangelizar, es mi responsabilidad como bautizado y es una empresa que no puedo declinar ni tomarme a la ligera.
San Pedro y san Pablo. Dos columnas que sustentan mi fe y mi pertenencia a la Iglesia. Dos hombres que testimonian la verdad revelada. Me hacen entender que Cristo puso la primera y sólida piedra de su Iglesia —una comunidad basada en el amor fraterno— y que nos convierte a todos en instrumentos útiles —cada uno en su medida— para llevar por todo el mundo su mensaje. Como piedra viva tengo una misión que es ineludible: amar a Dios sobre todas las cosas y mi prójimo como a mi mismo y difundir el Evangelio. Primero en la iglesia doméstica que es mi familia, luego entre mis familiares, después entre mis amigos y conocidos, más adelante entre mis compañeros de trabajo y siempre en el corazón del que se cruce en mi camino. ¡Ingente tarea! ¡Pero qué hermosa y gratificante!

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¡Hoy tengo mucho que pedirte y agradecerte Señor! ¡Te doy gracias por mi fe cristiana, por la Iglesia que has instituido que proclama la fe en Ti! ¡Concédele la luz de tu Espíritu! ¡Te pido por el Santo Padre, al que has escogido como sucesor de Pedro y por todo los sacerdotes! ¡Consérvales en la santidad, fortalece su fe, llena su corazón de amor y esperanza y que tu amor y misericordia les acompañe siempre para que sean verdaderos fundamentos y rocas de tu santa Iglesia! ¡Te pido por la unidad de la Iglesia, por la reconciliación entre los cristianos y la conversión de los alejados y de los que te niegan! ¡Espíritu Santo llena de luz a todos los que profesamos la fe católica, danos la fortaleza para enfrentar con valentía todo lo que se contrapone a las enseñanzas de Cristo! ¡Dame la sabiduría para ser verdadero testimonio del amor de Cristo, de su mensaje de vida y de Salvación, en todas las circunstancias de mi vida! ¡Señor, tu nos has pedido que anunciemos el Evangelio por todo el mundo! ¡Dame la fuerza de tu Espíritu para cumplir con este mandato! ¡Hazme cada día mas consciente de esta misión y de la necesidad que tienen las personas de conocer tu Palabra y tu amor! ¡Espíritu Santo conviérteme en instrumento dócile del Señor para extender la Verdad del Reino entre mi familiares, amigos y compañeros de trabajo! ¡Espíritu Santo dame la fuerza para enfrentarme a las acechanzas del demonio que pondrá todos los obstáculos para cerrar las puertas a nuestra misión! ¡Te ofrezco, Señor, mi vida, lo que tengo y lo poco que soy como ofrenda a Ti! ¡Sin Ti no soy nada, Señor, confirma el don de Tu Espíritu en este pobre instrumentos y ayúdame a anunciarte con alegría cristiana! ¡Gracias, Señor, por tu amor y misericordia!

Muy adecuado a la fiesta de hoy es el motete de Giovanni Pierluigi da Palestrina, Tu es Petrus a 6 voces, compuesto en 1572, que se cantaba durante el ofertorio de la fiesta de la cátedra de San Pedro.

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