Testimonio de una vocación

Alegra siempre celebrar acontecimientos familiares o con amigos que tienen un sentido profundo de fe. Hoy participaré de las bodas de oro de la consagración de una monja cuyo carisma es la evangelización. Es un día de alegría para la Iglesia y la Comunidad en la que los cristianos podemos elevar nuestro canto a las misericordias del Señor. Y es hermoso que coincida con el año que el papa Francisco dedica a la Vida Consagrada.
Una celebración como esta, como la que pueda celebrar cualquier sacerdote o consagrada, implica reunirse en torno al memorial eucarístico del sacrificio de la cruz, repletos de la fuerza del Espíritu Santo, alegres por ser partícipes directos de la fidelidad de y a Dios y de una vida entregada al servicio de Jesucristo, de la Iglesia y de la sociedad.
Es un día de alabanza, de gozo, de cantar sin cesar a Dios todos los bienes que nos ofrece, por el sacerdocio y la vida consagrada. Es un día para decirle al Señor que es grande y que hace cada día cosas grandes en nuestra vida y, en este caso, en esta hermana que celebra sus bodas de oro consagrada a Él. Cincuenta años de regalo de su misericordia. Cincuenta años de testimonio. Cincuenta años en los que la magnanimidad de Dios se ofrenda en la vida de esta hermana.
Es el día también para rezar por las vocaciones, para pedir que el Señor inunde la Iglesia de buenos sacerdotes y religiosas testimonio de entrega, austeridad, silencio, trabajo, bondad, amor, servicio, santidad, pureza, generosidad…
Es el momento, en esta crisis eclesial que vive nuestra Santa Madre Iglesia en el mundo, para levantar la voz y decir que es posible el amor fiel a la Iglesia, a Cristo, a la Palabra, a los sacramentos. Que hay luz en la fidelidad a la Iglesia. Que hay luz desde el Evangelio.
La fidelidad de Dios revela a los que creemos en Él los horizontes ilimitados de la eternidad. Entre el recuerdo y la acción de gracias, entre las certezas y la alegría, entre el camino y la esperanza se abren sendas que nos muestran que lo mejor está por llegar. En la comunión de los santos todo va unido. Es el anticipo de la eternidad.
¡Qué día tan hermoso para meditar el don de la vocación, gracia pura que proviene de Dios! ¡La vocación a la vida consagrada y la vocación a la vida laical! ¡Para contemplar nuestra propia vida desde la perspectiva de ese Dios misericordioso que comprende todos nuestros errores, nuestras caídas, nuestros pecados pero que, por encima de todo, nos perdona y nos acepta con amor eterno.
¡Qué día tan hermoso para reafirmar nuestra fe y para acogernos a la misión que el mismo Cristo nos encomendó para llevar su Palabra por el mundo, para dejar de lado nuestras comodidades y seguridades y dejar que Dios se revele en nuestra vida! Para comprender que nuestra vida tiene un sentido muy profundo, que la nuestra es una vida misionera de testimonio. Para entender que a medida que pasan los días se acorta el tiempo y Dios tiene que ir madurando en nuestro corazón y desde el interior de nuestra alma, dejarse acompañar por Él en la vida ordinaria y espiritual. Es el tiempo para elevar al cielo nuestro propio Magnificat y exclamar: «Señor, que se haga tu voluntad y no la mía».
Estas bodas de oro son testimonio de una vocación, una alegría para la Iglesia y por eso hoy pido a todos los lectores que recen por la hermana Mª Rafael y por todos los sacerdotes y religiosas de nuestra Iglesia.

4.1.1

Se me ocurre orar hoy con una oración que el Papa Francisco ha escrito para este Año de la Vida Consagrada:
Haz que vivamos el Evangelio del encuentro: ayúdanos a humanizar la tierra y a crear fraternidad, llevando las fatigas de quien está cansado y no busca más, la alegría de quien espera, de quien busca, de quien custodia signos de esperanza.
Espíritu Santo, Fuego que ardes, ilumina nuestro camino en la Iglesia y en el mundo.
Danos el coraje del anuncio del Evangelio y la alegría del servicio en la cotidianidad de los días.
Abre nuestro espíritu a la contemplación de la belleza.
Custodia en nosotros la gratitud y la admiración por la creación, haz que reconozcamos las maravillas que tú realizas en todo viviente.
María, Madre del Verbo, vela sobre nuestra vida de hombres y mujeres consagrados, para que la alegría que recibimos de la Palabra llene nuestra existencia, y tu invitación a hacer lo que el Maestro dice (cf. Jn 2, 5) nos encuentre activos intérpretes en el anuncio del Reino. Amén.

¡Aleluya, aleluya!

Anuncios

Un comentario en “Testimonio de una vocación

  1. Espíritu Santo, confirma en los hombres y mujeres consagradas su camino, para que nadie, ni nada, impida su santa unión y comunión con DIOS, para que no existan “piedras de tropiezo” y la Bendita luz de Jesús sea su única guía.. Amén.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s