Pequeños martirios cotidianos

Me dirijo a una reunión y me detengo previamente en una iglesia que se encuentra cerca. Cientos de personas invaden la arteria principal del distrito financiero de la ciudad. Cinco minutos de silencio, de oración. Al salir regreso a la realidad del ambiente, a la sonoridad multiligüe de los turistas y los ciudadanos locales, el ir y venir de gentes de todas las razas, confesiones y nacionalidades. Pienso en una joven pareja de turistas de aspecto árabe que estaban rezando en el interior del templo del que he salido. Tal vez dar testimonio de Cristo en su país les resulte una tarea difícil. En el silencio de este imponente templo pueden haber sentido un acogimiento especial.
El Señor nos invita a dar testimonio de Él ante los hombres fundamentalmente porque los hombres esperan que alguien les anuncie su palabra. A esos árabes tal vez les cueste hacerlo, porque se juegan el martirio. A nosotros, en Occidente, tal vez no se nos presente nunca la ocasión del martirio, pero nuestro martirio es la muestra del amor que Dios nos pide en el día a día: ser capaces de sonreír al levantarnos por la mañana y ser amables con los más cercanos; tener un gesto cariñoso con esa persona que no soportamos; callar nuestros comentarios hirientes y negativos sobre la gente; hacer aquello que nadie desea y que supone un esfuerzo; manifestar interés por los problemas de los demás; entregarse sin esperar nada a cambio; aceptar sin quejarse aquel problema que nos atenaza… son cientos de pequeños detalles para ofrecer al Señor al cabo del día.
El sufrimiento por amor es el valor más preciado para nuestra alma. La cruz por la cruz es algo sin sentido. Se trata de ofrecer nuestros pequeños martirios cotidianos para convertirlos no sólo en una manifestación de amor a los demás sino una verdadera demostración de amor a Dios. Es, simplemente, testimoniar el mandamiento nuevo del amor que nos legó el Señor. ¡Un enorme desafío!

rembrandt1.jpg

¡Te doy gracias, Señor, amigo! ¡Te doy gracias por tu gran amor y por la salvación que nos entregaste en la Cruz! ¡Gracias, Señor, porque sanas mi corazón, por los momentos que me ofreces cada día, por mis logros y mis fracasos, por todo lo que me sucede! ¡Por todo ello, gracias Señor! ¡Quiero dar testimonio de ti, Señor! ¡Quiero dar testimonio de tu piedad, de tu caridad, de tu misericordia, de tu alegría, de tu amor, de tu compasión…! ¡Quiero dar testimonio de la grandeza del amor de Dios! ¡Dar testimonio de que Tú eres el Mesías! ¡Dar testimonio vivo de tu presencia en nuestra vida! ¡Ayúdame, Señor, a hacerlo posible con mis acciones y que mi vida sea un testimonio verdadero de Ti! ¡Pero te necesito, Señor! ¡Te necesito para dar testimonio de Ti! ¡Infunde, Señor, tu Espíritu en mi para reflejar tu amor y tus virtudes, para testimoniar que Tú, Señor, eres el Hijo de Dios y que has venido a salvarnos! ¡Te declaro, Señor, todo mi amor con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas las fuerzas de mi ser! ¡Gloria a Ti, Señor!

Gilles Binchois nos dejó esta bella canción provenzal, Triste plaisir et douleureuse joye:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s