Peregrinar es caminar en la tierra

Recuerdo un viaje en familia a Santiago de Compostela coincidiendo con el Año Santo Compostelano. Significó para nosotros abrir nuestro corazón, entrando por el Pórtico de la Gloria para abrazar al Apóstol acompañados de tantos peregrinos en búsqueda de la experiencia de la gracia, del perdón y la redención, de la caridad y el amor. Peregrinamos a Santiago no tanto por abrazar al Apóstol, lo hicimos para encontrarnos con el Señor.
Cada año, un día como hoy, la mirada de Santiago se postra sobre cada uno de nosotros, manifestándonos que Dios existe, que nos ha regalado la vida y que nos llena de su gracia y de su amor al tiempo que nos marca el camino para sentir su presencia en nuestra vida.
Caminar. Peregrinar. Ningún caminante puede abandonar sus razones de vivir y de seguir adelante. Llegar a la tumba del Apóstol, amigo y testigo del Señor, marca en ese peregrinaje personal hacia la casa del Padre. En ese comenzar siempre de nuevo, caminando de comienzo en comienzo, sedientos de Dios; necesitados de salud, de amor, de consuelo y de esperanza; necesitados de salvación y de perdón; necesitados de que la misericordia del Señor venga sobre cada uno de nosotros.
Peregrinar es caminar en la tierra. En su momento no fui consciente de que la tumba del Apóstol tenía una significación única en la Iglesia. Que esa tumba es el signo que ayuda a fortalecer nuestra fe como creyentes. Lo he ido comprendiendo a medida que mi fe se ha ido fortaleciendo y mis creencias han sobrepasado la tibieza de tantos años de vida acomodaticia en lo que se refiere a Dios.
Para Santiago el apostolado no fue un privilegio. Fue, sin duda, un don, una misión, una entrega para la que el Apóstol comprometió su vida. La identidad de un apóstol —cualquiera de nosotros está llamado a ser apóstol— revela la identidad del cristiano. Y el compromiso es dar testimonio del amor de Dios manifestando al Señor por medio de la caridad, del amor, del perdón, de la entrega y del compromiso, ofreciendo aquella visión de la vida que dimana del Evangelio, aunque tantas veces nos genere incomodidades.
Tu y yo estamos llamados a cambiar el mundo; tu y yo estamos llamados a continuar la obra de Cristo en la tierra en nuestra familia, en nuestro entorno social, en nuestro trabajo… en definitiva, en todos los ámbitos de la vida. Tu y yo estamos llamados a ser apóstoles en el siglo XVI. Es la llamada de Cristo que no podemos desoír. Es un reto maravilloso y parte de nuestro peregrinaje vital.

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¡Apóstol Santiago te pido hoy por el porvenir de nuestra nación; especialmente por aquellos desesperanzados por su angustiosa situación; por los dirigentes, para que no desfallezcan en sus responsabilidades y que conviertan la política en una actividad noble al servicio del bien común; por nuestro peregrinar a la luz de la fe; para que nos fortalezca la esperanza; por nuestro compromiso para acoger la gracia de Dios, para ser testigos de la alegría y la gratuidad en medio de la tiranía del individualismo y de la amargura, reconociendo en el día a día los dones de Dios en nuestra vida! ¡Apóstol Santiago, ayúdame a comprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que Dios nos sale al encuentro como amigo, padre y guía!

Himno al Apóstol Santiago cantado durante el funcionamiento del Botafumeiro:

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