En nuestro corazón… los abuelos

La liturgia celebra hoy la memoria de los padres de la Santísima Virgen y abuelos de Jesús, san Joaquín y santa Ana, un matrimonio santo, de fe profunda y honda confianza en Dios, que supieron educar a María en el camino de la fe, preparándola para la misión que el Padre tenía pensado para ella y alimentando en su corazón un amor íntimo con el Creador.
San Joaquín y santa Ana testimonian la grandeza de los valores del ser humano y marcan el camino a tantos abuelos de este mundo —de los que son su patronos— en ese papel tan destacado que desempeñan en la educación de sus hijos y de sus nietos. Pero son también testimonio vivo de la ancianidad de nuestro mundo. Nuestros ancianos portadores de experiencias y conocimientos que se convierten en patrimonio de las familias y de la sociedad. Dejan constancia que con el paso de los años la vida se convierte en un don gratuito de Dios.
En este día merece la pena tener muy presente a nuestros abuelos. Los míos han sido siempre un referente de profundidad humana, de fe, de sabiduría, de testimonio, de coherencia, de apoyo… Su sola presencia constituía para mí una alegría inmensa, un orgullo, una seguridad. Los consideraba el patrimonio sobre el que surgía el árbol de mi vida. En una sociedad que evita la vejez por todos los medios, el envejecimiento de mis abuelos supuso para mí una lección de vida. Ellos dignificaban la palabra «anciano» con sus gestos, sus palabras y sus actitudes. Y con ese cariño que siempre sentía con su mirada.
En este día los tengo muy presentes. Con independencia de la relación que hayamos tenido con ellos, en este día veneremos a nuestros abuelos como hacemos con esos padres santos de Nuestra Señora. Veamos en ellos el modelo sobre el que la Virgen enderezó el camino. Veamos en su disposición y su entrega nuestro propio camino.
En este calor que es la familia los padres hemos de transmitir a nuestros hijos el cariño y el amor a los abuelos, patrimonio de nuestra familia.

san joaqin i santa ana

¡Amado Jesús, te pido que al igual que hiciste con tus abuelos san Joaquín y santa Ana, contemples a todos los abuelos del mundo con el mismo amor! ¡Protege a todos los abuelos del mundo, llénalos de tu amor y misericordia para que sean nexo de unión en las familias, en la sociedad y en Tu Iglesia! ¡Protege también a todos los ancianos del mundo! ¡No permitas Señor que pierdan la alegría de vivir, que sean excluidos, ignorados y abandonados! ¡Haz Señor que todos ellos sean portadores de sabiduría y amor y que encuentren en sus familias el amor y el respeto que merecen! ¡Señora, tu que amaste tanto a tus santos padres, protege a todos los abuelos del mundo e intercede ante tu Hijo por todas las familias de este mundo!

Para ilustrar esta meditación nos deleitamos con la Canción del abuelo, una hermosa pieza para guitarra de Atahualpa Yupanqui.

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