Resetear mi verdad

El deseo de hacer las cosas cada día mejor y la actitud de crecer con un propósito de perfección debería convertirse en cada uno en la máxima a seguir. Quien deja de progresar pone freno a su crecimiento interior. Es necesario tratar de superarse siempre y esta tarea debe durar toda la vida. En este sentido, quien no quiera ser santo —al que todos los cristianos estamos llamados—, nunca lo logrará porque al igual que un niño está obligado a crecer y hacerse hombre, el cristiano está obligado a alcanzar la santidad.
Dios nos hace entrega de lo que deseamos porque es, a través de nuestra libertad, que el hombre puede elegir. Pero el principio básico para alcanzar la santidad es la plena aceptación de lo que somos. Nadie que anhele ser santo puede vivir de parches, de máscaras, de maquillar su verdad, de estar haciéndose permanentemente una cirugía estética espiritual. No se puede vivir en lo acomodaticio de la propia voluntad. La santidad pasa por hacer la voluntad de Dios, de abrirle la puerta del corazón y dejar entrar en él al Señor. La santidad incluye pasar por la aceptación de nuestras carencias y limitaciones evitando someterse a la dictadura de la mediocridad y de la vulgaridad. Para ser santos hay adoptar una actitud de transformación interior asumiendo las propias debilidades, impotencias y miserias. Aceptarse, en definitiva, como uno es. Valerse de los propios fracasos, auténticamente atronadores, muchos de ellos públicos e incluso poco edificantes, para seguir adelante.
Nada estorba a la santidad si hay fidelidad a Dios y conocimiento de uno mismo. El secreto es sencillo: es imposible transformar de manera fecunda lo real si previamente no se comprende que hay que aceptarlo. Toda gran empresa para por el discernimiento veraz y es necesario tener la humildad de reconocer que con nuestras propias fuerzas es imposible cambiar, que para avanzar, que para vencer al mal, que para derrotar nuestras imperfecciones, que para luchar con éxito en la empresa de la santidad, hay que contar con la gracia divina, no olvidar que el Señor camina a nuestro lado, sentirse acompañado de su gracia y robustecerse con la Eucaristía diaria. Pero esta gracia gratuita recibida con amor generoso para cambiar mi interior no la obtendré jamás si no la anhelo. Sólo la gracia de Dios transforma los corazones, pero para recibirla es necesario que me acoja y me acepte como soy. ¿Pero estoy dispuesto a analizar mi verdad y resetear mi interior para un verdadero cambio personal?

Sancho Glz-Green. Precioso amanecer.  Luxor, Egipto.11 diciembre  2005

¡Señor, tu que eres fuente de toda Santidad, ayúdame a caminar dignamente por este mundo poniendo a tu servicio mi vocación! ¡Me pongo en tus manos de Padre, Señor, para que alumbres el camino de mi vida, para que abras las ventanas de mi corazón para llenarlo de esperanza, para que llenes con Tu Presencia toda mi vida! ¡Señor, que el sufrimiento no aplaque mi alegría, que sienta el alivio de tu Amor y tu Misericordia, y ayúdame a agradecer la generosidad de los que están a mi lado y sufren conmigo! ¡Quiero ser santo, Señor, pese a que tantas veces me cuesta seguirte! ¡Quiero ser santo, mi Señor, porque tu me pides la santidad! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a ser fuerte ante las tentaciones y seguir siempre el camino de la fe!

Del compositor Francesco Cavalli os presento hoy el Dix Domini a ocho voces.

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Un comentario en “Resetear mi verdad

  1. Buenos días y gracias por la meditación!
    Y gracias porque permitiendo que nos expresemos en este espacio que regalas, considero que uno de los aspectos a tener en cuenta para vivir diariamente la santidad es partiendo del primer mandamiento: AMA A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, Y AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO… que profunda reflexión y que difícil entonces vivir en santidad. Es por ello que desde que me levanto, veo a mi familia, y entiendo que con mis hijos no me cuesta tanto AMAR; porque son parte de mí, provienen de mis entrañas… pero al llegar a mi lugar de trabajo, y me enfrento a competencias, rivalidades, egos, trivialidades, matoneos, etc; empiezo a recordar mi querer vivir en santidad… entonces no veo en mis compañeros a sus cuerpos físicos frente a mí, sino que intento observar y descifrar su alma: y he ahí que nace la empatía, la caridad, y el verdadero amor por mis semejantes!
    Conclusión: un punto importante para crecer en Santidad, es saber que todos somos obras perfectamente imperfectas de nuestro BUEN DIOS, somos diamantes sin pulir, pero que bueno que desde nuestro corazón, queramos hacer realidad ese primer mandamiento mirando a nuestros semejantes desde el AMOR, LA CARIDAD y LA HUMILDAD de reconocernos pecadores, pero pecadores amados por el ÚNICO SER PERFECTO: DIOS.
    Bendiciones y feliz día!!! https://youtu.be/sks7cue-tWc

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