Eficacia desde lo absurdo

Creemos de modo equivocado que la lógica humana con la que actuamos, cuanto más racional sea mayor resultados presenta. Con esta premisa es difícil encajar a Dios como valor de nuestros criterios humanos. Es por este motivo que nos desconcierta la manera cómo hace Dios las cosas. Como su lógica divina difiere radicalmente de la lógica humana es recurrente que asociemos la ineficacia con el fracaso. Basta con echar un vistazo a la vida de su Hijo para que se rompan todos nuestros esquemas. Engendrado de una joven Virgen a la que un ángel anuncia que dará a luz un hijo que no es ni mas ni menos que Dios. Un Dios, por otro lado, humilde y omnipotente que se presenta en este mundo en un mísero pesebre en la pobre aldea de Belén. Un niño que, aún teniendo todo el poderío de Dios, deja los primeros treinta años de su vida crezca en una aldea dedicándose a labores que a todos nos pasarían desapercibidas por su irrelevancia. Un hombre cuya autoridad no significa afán de posesión, poder, dominio, éxito… sino servicio, humildad, generosidad, amor… Un hombre cuya lógica le lleva a inclinarse para lavar los pies a sus discípulos, que busca el verdadero bien del hombre, que cura las heridas, que se duerme en mitad de una tormenta, que es capaz de un amor tan grande hasta el punto de dar la vida, porque Él es el Amor. Un Dios que, en definitiva, redime al hombre en el fracaso de la Cruz para fundar una Iglesia cuyos primeros miembros son hombres pecadores, cobardes, que abandonan al que ha sido su guía durante tres años de anunciar la Verdad.
Todo eso lo decidió así Dios para confundir la sabiduría humana. Pero a los ojos de Dios lo absurdo tiene una profunda y sorprendente eficacia porque la fuerza de sus actos no está mediatizada ni se limita a la pobreza de la lógica de los hombres. ¡Cuántos problemas y sufrimiento me ahorraría si tuviera una fe firme y una confianza verdadera en el poder de Dios, dejara de confiar en mi mismo para lograr las cosas, aparcara mis limitaciones y mi manera de actuar que lo único que consigue es alimentar mi autosuficiencia y dejar que esos absurdos divinos sean los que gobiernen mi vida aunque la mayoría de las veces no los comprenda!

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¡Señor que no tema aceptar todo lo que viene de Ti aunque muchas veces no lo comprenda! ¡María, ayúdame a no rebelarme ante las situaciones que no comprendo y me cuesta aceptar como nos mostraste tu desde el día de la Anunciación! ¡Señor, que aprenda a vivir el Evangelio con cordura pero viviendo a contracorriente, doblegando mi criterio a la lógica del Padre y esa forma que tienes de hacer las cosas para que sea vencida siempre mi voluntad! ¡Señor, ayúdame a dar gracias por todo lo que me ofreces, lo que me regalas, lo que me envías, aunque tantas veces mi falta de fe y confianza en Tí me provoque desconcierto y dolor! ¡Ayúdame a aceptar la lógica de lo que me ofreces para que asumida y aceptada me predisponga a vivir mi vida con alegría cristiana!

Johann Pachelbel, famoso por ser el autor del célebre Canon, es autor de una amplia y variada obra musical entre las que destacan sus cantatas. De gran belleza es esta Halleluja! Lobet Den Herrn! (¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!)

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