Ante la grandeza de María…

Cuarto sábado de agosto con María en nuestro corazón. ¡Qué día tan hermoso el de hoy! Una semana después de celebrar la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma a la gloria celestial en este día la ensalzamos como Reina universal. Es un día feliz para dar gracias a Dios por habérnosla dado como Madre del Rey de Reyes y Señor de Señores y Madre nuestra, pobres pecadores.
¡Qué hermoso es saber que María es la Reina que recibe de Dios todos los honores y que intercede ante Él por todos nosotros! ¡Qué precioso es sentir que María es la Reina de toda la creación, de los hombres, de la naturaleza, de los ángeles…! ¡Qué consuelo saber que es la Reina del Universo! ¡Reina y Madre! ¡Mirar a María con confianza para reconocerla como la mujer más excelsa en su realeza y podernos abandonar a ella filialmente como madre de todas las gracias! ¡Qué sentimiento de felicidad saber que María participa junto a Cristo en el reinado del mundo para vencer el mal y derrotar al príncipe de las tinieblas! ¡Qué ilusión es poder exclamar como santa Isabel: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre»! ¡Qué gozo entender la radiante y luminosa sublimidad de María! ¡Qué deleite sentirse acompañado siempre de la discípula más fiel de Jesús desde el anuncio del ángel hasta la muerte en la Cruz! ¡Qué contentamiento entender que la esclava del Señor, la que humillada ha sido ensalzada con el título de Reina del reino del Divino Redentor! ¡Qué alivio que María sea la corredentora del género humano y colaboradora eficaz en la obra de la salvación del hombre por esa fidelidad de permanecer sufriente a los pies de la santa Cruz!
¿Pero qué puedo decir yo, hoy, ante la grandeza de María, ante su ternura, ante su poder de Madre de Dios! ¡Sólo exaltarla como hacen los coros de ángeles y santos en el cielo! ¡Gracias, María, Reina y Madre! ¡Totus tuus, María!

coronacion

¡Gracias, María, Reina y Madre, fiel sierva del Señor, que sepa aprender siempre de tu humildad, de aceptar de todo corazón la voluntad del Padre, de amar como amaste Tú, de servir como lo hiciste Tú! ¡Señora, Tú que estás íntimamente unida al corazón de tu hijo en el amor divino, háblale a Dios de mí y de los míos! ¡Santa María, Reina del cielo y Soberana del mundo, Tú que sufriste junto a la cruz de tu Hijo Jesucristo, acoge con tus soberanas manos mi sufrimiento y mis problemas y elévalos al Padre! ¡Señora, Tú que sufres por tus hijos lleva hacia el Padre el sufrimiento de todos los que lo están pasando mal en este mundo para que se haga siempre Su voluntad divina! ¡Guíanos, Señora, tu que moras espiritualmente en nuestro corazón por el itinerario cotidiano! ¡Señora permite que en mi vida haya siempre fe, confianza, testimonio de verdad, santidad, justicia, gracia, buenas obras, amor, caridad, paz y nunca rencor ni odio! ¡Un corazón lleno de las gracias de Dios! ¡Totus tuus, María! ¡Todo tuyo, Madre! Y a ti, Señor que nos has dado como Madre y como Reina, a la Madre de tu Unigénito; concédenos, por su intercesión, el poder llegar a participar en el Reino celestial de la gloria reservada a tus hijos.

Para conmemorar esta fiesta escuchamos hoy el gradual para coro y orquesta de W.A. Mozart Sancta Maria, mater Dei KV 273. Feliz día a todos de la mano de Nuestra Señora.

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