Amar alguien es…

Hoy es el día de santa Mónica, modelo de madre cristiana y ejemplo de esposa abandonada y madre afligida, que encuentra en la memoria el bálsamo del consuelo, para sanar las penas de su sufrimiento. En las Confesiones, san Agustín elogia a su madre, a la que considera «dos veces madre» y «sierva de los siervos de Dios». Fue mujer de puro amor con una inmensa capacidad de amar. ¿Amar? ¿Cómo estoy yo de amor con mi cónyuge, con mis hijos, con mis amigos…? ¿Comprendo el sentido del amor para darlo de verdad?
Amar a un ser querido es aceptar la ocasión de conocerlo de verdad y disfrutar de la oportunidad de descubrir lo que custodia más allá de sus máscaras, de sus sentimientos y de su autoprotección; vislumbrar con afecto, cariño y ternura sus sentimientos más íntimos, sus incertezas, sus inseguridades, sus temores, sus carencias, sus ilusiones, sus anhelos, sus esperanzas y sus alegrías, su dolor, su sufrimiento, sus heridas y sus esperanzas; es entender que detrás de su coraza de autodefensa o de timidez o de miedo y de sus máscaras, palpita un corazón sensible, tierno y tal vez solitario, probablemente necesitado de una mano amiga, de un abrazo caluroso, de una palabra amable; anhelante de una sonrisa sincera y amorosa en la que pueda sentirse correspondido; es reconocer, con respetuosa compasión, que la falta de paz interior y el desorden en el que uno vive en ocasiones es consecuencia de la ignorancia, de la tristeza o de la inconsciencia, y ser consciente de que si alrededor genera desdichas es probablemente porque se es incapaz de sembrar alegrías; es entender que el vacío interior muchas veces carece de sentido porque el hombre no puede hacer depender su confianza en sus propias fuerzas sino en el Señor; es descubrir, respetar y honrar, con independencia de su carácter, su verdadera identidad, y saber apreciar con franqueza y honestidad su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.
Amar a alguien es darle la ocasión de que cualquier opinión sea escuchada con atención, respeto, generosidad e interés sin juzgar ni burlarse; aceptar su experiencia vital sin tratar de cambiarla sino de hacerse partícipe de ella, de comprenderla y respetarla; ofrecer un espacio donde quepa la oportunidad de ser ella misma sin el temor a ser juzgada, en el que haya la suficiente confianza de que pueda abrirse sin sentirse obligada a revelar aquello que considera de su esfera más íntima; es reconocer y defender que tiene el derecho inalienable de escoger su propio camino, por mucho que éste no coincida con el mío sin exigirle que se amolde a mis ideales o que actúe de acuerdo con mis expectativas y planes; es valorar a esa persona por ser quien es, con sus virtudes y defectos, no como desearíamos que fuera; es poner toda la confianza en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas y comunicarle mi fe y confianza para agarrarse a la esperanza.
Amar a alguien es creer en él cuando incluso duda de si misma, tratar de contagiarle la alegría, las ganas de vivir, la esperanza, el entusiasmo cuando está a punto de darse por vencido; darle todo el apoyo cuando le escasean las fuerzas, animarlo cuando titubea o cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo le entristece, sin permitir que su desdicha le aprisione; es disfrutar del simple hecho de estar juntos, libremente y sin ataduras.
Amar a alguien es vivir en la humildad para recibir todo de ella sin representar el papel del que nada necesita; es darle gracias al Señor por habértela puesto a tu lado; es disfrutar de la experiencia aún a sabiendas que el mañana es una incerteza pero que lo cotidiano puede convertirlo en un milagro.
Amar a un ser humano, creación de Dios es, en realidad, amar la auténtica naturaleza del hombre, es amarte a si mismo y amar a Dios por encima de todo.
Amar a otra persona es ver el rostro de Dios en ella. ¿Es así mi amor por los que me rodean? ¡Cuánto camino, Dios mío, para aprender a amar como Tú amaste!

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En este día dedicado a santa Mónica dedicamos esta oración: Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.
Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Hoy la música es del compositor Marco Frisina y su Cantate al Signore:

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