Revestida de santidad y pureza

¡Qué día tan hermoso celebramos hoy! ¡El del nacimiento de la Santísima Virgen! La mujer que Dios eligió para ser su Madre. Ella es modelada por las manos de Dios con un alma limpia e inmaculada, revestida de santidad y de pureza. En su vida terrenal todo lo llenó de gracia. El Señor le da el nombre de María, la convierte en Reina de los ángeles y de los hombres, la encumbra como soberana de cielos y tierra. Además, la llena del Espíritu Santo.
Y María, ¿cómo responde a tanto gozo? Como su corazón humilde y dócil mejor sabe: con los sentimientos del más profundo de los agradecimientos; adorando al Padre; humillándose ante el honor que el Verbo la convierte en elegida para ser Su Madre; ofreciendo enteramente su corazón por un acto de grandioso amor al Espíritu Santo.
¿Y qué pudo hacer yo hoy y siempre para imitar a María? Hacer, simplemente, lo que hizo la Virgen desde el día de su Natividad. Adorar a Dios, humillarme delante de Cristo y ofrecer mi corazón para que actúe en él el Espíritu Santo. Y, sobre todo, amar a María, porque Cristo me la dio como Madre antes del último suspiro de su vida desde la Cruz; confiar mi vida a Ella, porque la Virgen es la Madre de los predestinados; ser un servidor fiel, ferviente y constante como lo fue ella con Jesús y con el Espíritu Santo; amar y perdonar a los que me rodean, como hizo Ella a lo largo de su vida; imitar su humildad, su sencillez y su grandeza de corazón. Es todo un itinerario de vida pero lo puedo intentar cogido de su mano.

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¡María, tu que conduces todas las cosas con sabiduría, que fuiste digna de ser templo y morada de Dios, predispón mi corazón para la humildad y el amor a los demás! ¡Santísima Virgen concédeme la gracia que más necesito en este momento! ¡María, en Tu festividad, ayúdame a estar siempre cerca de Ti y de tu Hijo! ¡Ayúdame a acoger, conservar y meditar la Palabra de Dios en mi vida para lograr que mi vida cotidiana a nivel familiar, personal y profesional esté siempre en armonía perfecta y en coherencia con el mensaje de Tu Hijo! ¡Ayúdame a mantener intacta mi fe cristiana, este precioso tesoro que me han transmitido mis padres! ¡Que me sirva tu ejemplo para adorar siempre a Dios! ¡Dame la gracia, Madre, para admirar en mi interior todo lo que Dios ha obrado en mi! ¡Abre tu corazón materno para acoger mis súplicas y mis lamentos! ¡Ten muy presentes también en tu corazón a mis padres y mis abuelos, María, para honrarlos, quererlos y respetarlos como tu honraste, quisiste y amaste a tus padres, san Joaquín y santa Ana!

Acompaño esta meditación con el fresco El nacimiento de la Virgen de Giotto di Bondone que se encuentra en la Capella Arena de Padua y con la música del compositor neerlandés Jacob Obrecht. Se trata del Salve Regina a cuadro voces, una pieza de una delicadísima factura. ¡Feliz cumpleaños María, tu que aprecias todas las músicas «cantadas y con letra»!

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