«Tempus breve est!»

El escaparate de una relojería de barrio se adorna con este anuncio: «Liquidación por cierre. Tempus breve est».
«Tempus breve est!». Efectivamente, el «tiempo es breve». ¡Y más breve es el peregrinar nuestro por esta vida! Esta idea la recoge el apóstol san Pablo en su carta a los Corintios. Pero no es una referencia a la fugacidad del tiempo sino un reproche directo a nuestra auténtica capacidad para amar, para darse, para satisfacer las necesidades ajenas. Es una invitación a hacer rendir aquellas oportunidades que Dios nos ofrece.
El tiempo es siempre breve para servir al Señor y, a través de Él, a los demás. El tiempo es un tesoro preciado que se consume cada segundo, que se escurre entre el respirar de nuestra vida, que se difumina en cada gesto desaprovechado. Cada minuto transcurrido queda borrado y sólo permanece en la memoria. ¡Pero en cada minuto existe la oportunidad de dejar un pequeño poso de amor por amor de Dios! ¡Para no descuidar las obligaciones con el cónyuge o con los hijos! ¡Para servir a los demás! ¡Para santificar nuestro trabajo cotidiano! ¡Para vivir íntimamente el tiempo de oración y participar amorosamente del sacrificio de la Eucaristía! ¡Para no anteponer nunca el interés personal! ¡Para, para, para…! Tal vez sean pequeños detalles de amor, pero si dejamos pasar el tiempo en estas pequeñas cosas ¡cómo podremos mantener encendida la luz del amor! ¡El tiempo es breve para todo lo que tenga que ver con el amor de Dios! ¡Y no deberíamos desaprovechar ningún segundo de él!

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¡Señor, la vida es fugaz y yo estoy aquí dejando pasar el tiempo sin darme a ti y a los demás! ¡Señor, en cualquier lugar y momento, sin previo aviso me lanzas esta pregunta que me hace replantear tantas cosas: ¿quién dices que soy yo?! ¡Señor, no me quiero quedar a medio camino, para no responderte para no tomar riesgos, por cobardía o por frialdad! ¡Señor, no permitas que pierda el tiempo cuando se trata de conocerte mejor, para entregarme más a los demás, para escuchar tu latir, para dejarme llevar por tu ritmo, para caminar por esas sendas tantas veces marginales que tanto te atraen y que a mí me cuesta tanto entender! ¡Señor, que el tiempo no pase para encontrarte en la oración, para que mi vida encuentre sentido, para que acepte el valor de todas las cruces cotidianas, cuando haga de tu causa mi causa, cuando los demás me necesiten y yo me entregue de verdad! ¡Señor, enséñame a calcular mis años para adquirir un corazón sensato, para saciarme de tu misericordia! ¡Señor, ante tu grandeza soy consciente de mi pequeñez! ¡Señor, ayúdame a pensar en la brevedad de mi vida para que pueda traer a mi corazón sabiduría sobre cómo he de pasar mis días aquí en la tierra!

Introducimos el jazz de Bud Powell para amenizar esta meditación su celebrada composición Tempus fugit:

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