¿Un cristianismo sin Cruz?

Tercer sábado de septiembre con María en el corazón. María, la mujer que permaneció firme al pie de la Cruz. ¿Alguien se imagina un cristianismo sin Cruz? ¿O un Evangelio que no hablara del valor y el significado del sufrimiento? ¿O unas parábolas que no hicieran referencia a la renuncia, al perdón o la caridad? ¿O de la existencia de un Padre bueno, que lo da todo y perdona?
La Cruz es el símbolo del cristiano. ¿Pero nos creemos aquello del camino de Cruz o seguimos contemplando el misterio de la Cruz desde los esquemas del sufrimiento humano? ¿Somos capaces de entender que únicamente en la Cruz se encuentra el verdadero gozo del seguimiento de Cristo?
Contemplo la Cruz, me postro de rodillas y observo a ese Cristo doliente. Y le digo: “Señor, mientras no sea capaz de penetrar de verdad en los sentimientos que manan de tu corazón sufriente y crucificado nada, o muy poco, entenderé de lo que nos trasmites en el Evangelio”. Imposible dejar de admirarse por el misterio del crucificado. Ni los sentimientos, ni las palabras, ni las argumentaciones, ni los pensamientos pueden atisbar mínimamente lo que hay en el Corazón crucificado de ese Cristo del abandono confiado en el amor de su Padre. Uno se postra ante los pies traspasados de Cristo crucificado, y siente la presencia de María. Y se llena de amor, de paz, de confianza porque Ella ayuda a penetrar de forma maravillosa en el misterio de la Cruz.

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¡María, hoy sábado y todos los días, contigo a tu lado es más fácil aceptar mi cruz de cada día, en la que Cristo completa la oblación al Padre por mi y el resto de la humanidad! ¡María, cuando lleguen los momentos de cruz no permitas que me lamente, no dejes que me rebele, no permitas que proteste a Dios, no permitas que desfallezca! ¡Cuando lleguen esos momentos, María, que los acepte con amor, sin pretender entenderlos porque no hay explicación alguna para esa salvación, al modo de Dios, que se cumple en el escándalo de lo aparentemente absurdo! ¡María, dame la fuerza para ver mi cruz no desde ese lado humano sino desde una perspectiva sobrenatural! ¡María, que mi pobre corazón no se canse nunca de adorar esa Cruz de la que pende tu Hijo amado y permanezca siempre fiel a ella!

En este sábado mariano, el Ave María de Mendelssohn:

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