Un día lleno de maravillas

¡Esto es lo que hay! ¡No puedo hacer nada más! ¡Estoy al límite! En algún momento de nuestra vida alguno de nosotros ha pronunciado una de estas frases. Si profundizamos en nuestra vida y todo lo que nos rodea podemos llegar a tener la sensación de que no hay nada nuevo ni lo habrá jamás. Y, a consecuencia de ello, nos sentimos desilusionados o incluso nos deprimimos. Experimentamos las “cosas de siempre” a la “manera de siempre”.
Ni que decir tiene, semejante estado anímico no tiene nada que ver con lo que la vida realmente puede ofrecernos. Está relacionado solamente con nuestra actitud, con nuestra forma de mirar el mundo y reaccionar ante él. Si optamos por verlo todo de color gris, sin duda eso es lo que experimentaremos. No hay que darle mas vueltas.
En cambio, si abordamos el día maravillados y llenos de interés, es probable que experimentemos las cosas de forma muy distinta. Si adoptamos una actitud receptiva en lugar de expectativas fijas y cínicas, incrementamos en gran medida nuestro potencial de sentirnos entusiasmados, inspirados y realizados.
De una forma especial y propia, cada día ofrece una serie inacabable de experiencias, emociones y oportunidades. El mundo está lleno de maravillas a todos los niveles. Al final, sin embargo, de nosotros depende verlo así. Cada día es una oportunidad única para darle gracias a Dios por todo lo que nos ofrece, de modo gratuito. En la contemplación del amor es donde nos damos cuenta de que cada situación vivida es una prueba que nos prepara para superar la siguiente adversidad u oportunidad, para evitar vivir encadenados al sufrimiento, al pecado o al desorden. Dios se nos presenta en cada recodo de nuestra vida tanto con dones materiales como espirituales.

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¡Gracias, Señor, por la vida que me has regalado fruto de tu bondad y amor! ¡Señor, ayúdame a nacer cada día agradeciéndote mis propias experiencias por muy dolorosas que estas sean! ¡Ayúdame, María, a dar respuesta a tu Hijo en el día a día! ¡Ayúdame, Señor, a descubrir el encanto de lo presente sin olvidar el ayer! ¡Hazme diariamente ser agradecido a tu Providencia, Señor, y que olvide jamás tu eterna Misericordia! ¡Haz, María, que vea mi vida como una oportunidad, como un desafío, como un regalo, como un deber para hacer de ella un camino hacia la eternidad!

Os presento disfrutamos con el Concierto para violín, cuerdas y bajo continuo de Antonio Vivaldi:

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