No me arrepiento de nada. ¿De nada?

Encontramos personas en nuestro camino que afirman sin rubor: “No me arrepiento de nada”. ¿De nada? ¿Puede alguien no arrepentirse de nada? Hay muchos elementos de nuestra vida que necesitan ser corregidos y cuando se tiene conciencia del mal causado, si se ha perjudicado a alguien, la conciencia no debe ser tan laxa. Es la arrogancia del que se siente impecable.
Pienso lo mucho que me arrepiento de tantas cosas en las que he obrado mal. De cómo he tratado tantas veces a mi padre –que ahora no está entre nosotros- y he sentido necesidad de pedirle perdón; de la falta de respeto a mi madre o mis hermanos; de la falta de delicadeza con la que a veces hablo a mi mujer; de lo exigente que soy en ocasiones con mis hijos; o del trato que doy a mis amigos no dedicándoles el tiempo que necesitan o preocupándome más por sus necesidades; o de los muchos fallos que he cometido en mi vida; de las numerosas frivolidades que han jalonado determinados momentos de mi existencia; de la infinidad de estupideces que he llegado a hacer para ser respetado; de las veces que he aparcado mi vida de oración por estar cansado o porque había cosas más interesantes que hacer; de la arrogancia con la que actúo tantas veces; de las ocasiones que mis máscaras cubrían mi rostro; de, de, de…

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¡Hay, Señor, cuanta fragilidad y que enorme disonancia entre lo que debo ser y lo que soy! ¡Señor, ayúdame a mejorar cada día, tu me enseñas que el fundamento de todo crecimiento humano no radica en recapitular una y otra vez sino en ser capaz de reconocer con humildad mis errores y mis caídas, levantarme y comenzar de nuevo! ¡Señor, abre mis ojos para que sea consciente del mal que he causado a los demás, toca mi corazón para que con sinceridad me convierta de verdad a Ti! ¡Restaura Tu amor en mi, Señor, para que en mi vida resplandezca tu propia imagen!

Hoy Robert Schumman y su Arabesque op. 18:

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Un comentario en “No me arrepiento de nada. ¿De nada?

  1. El reconocer mi error me hace humilde, y la humildad me engrandece ante el Señor; Al ser consiente de las heridas que le causo a mi prójimo cuando lo lastimo, asumo la responsabilidad de frenarme lo mas que sea posible.

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