Las cuatro coronas de rosas

Hermosa festividad la de este día en que honramos a Nuestra Señora del Rosario. En este mes que la Iglesia dedica al Santo Rosario honramos a María ofreciéndole las cuatro coronas de rosas que recuerdan su gozo, sus dolores y su gloria y la luz del Señor. Estas cuatro coronas nos recuerdan de manera significativa la participación de Nuestra Madre en los misterios de Cristo. Esta fiesta, que originariamente se conocía como festividad de Santa María de la Victoria, para celebrar la victoria de las naves cristianas en la batalla de Lepanto, en las costas griegas, mientras en las calles de Roma la población rezaba en procesión el Rosario para solicitar el auxilio de los cristianos pasó a denominarse años más tarde Nuestra Señora del Rosario.
¡Qué día más indicado para meditar y rezar postrados junto a María los misterios de la vida, muerte y resurrección de Jesús, esos misterios que cada día actualizan nuestra salvación cuando celebramos la Eucaristía! Es la ocasión para pedirle a María que estos cuatro misterios que abren en nuestro corazón el gozo, la luz, el dolor y la gloria de su Hijo se puedan cumplir en toda su esencia ahora y en la hora de nuestra muerte, como concluye la oración que Jesús nos enseñó en el Evangelio.
El Rosario me ha acompañado a lo largo de los años, en los tiempos de felicidad y en las temporadas de mayor tribulación. En cada misterio uno puede confiar sus preocupaciones a María para hallar el consuelo esperado y, también, para poner en sus manos las vidas de aquellos a los que uno quiere, los trabajos y las ocupaciones, los apostolados, el ministerio del Santo Padre y de los miembros de la Iglesia, la sanación de un familiar o de un amigo… porque con cada Padrenuestro, con cada Avemaría y con cada Gloria, nuestra comunión con Jesús a través del corazón de María es absoluta.
Si no rezas habitualmente el Rosario, hazlo hoy con el corazón abierto. Te llenarás de sus frutos. Y si lo haces habitualmente, imprégnate nuevamente de esta oración contemplativa para peregrinar en el conocimiento de Cristo a través de María, Su Madre y Nuestra Madre.

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LETANÍAS DE LA VIRGEN

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo; perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo; escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo; ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración: Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

En este día consagrado a Nuestra Señora del Rosario dedicamos a la Virgen este Laudi alla vergine Maria de Giuseppe Verdi:

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