Cuencos frágiles y quebradizos

Mi hijo pequeño, orgulloso, trae el viernes una figura de barro que ha trabajado con sus pequeñas manos en el colegio. Durante el trayecto, el movimiento de la mochila donde la pieza estaba guardada y el roce con los libros, desprende una parte de este sencillo trabajo de barro. Y eso le llena de tristeza. Así, es también nuestra vida, barro quebradizo que provoca llanto. Sin embargo, el Señor es el alfarero que moldea nuestra vida y es capaz de corregir aquellos desperfectos del barro de nuestra vida.
Cristo es el alfarero al que hay que pedirle que nos recoja con sus manos misericordiosas cuando uno está roto por la tristeza, la soledad, los problemas, la congoja, el sufrimiento, la desesperanza, los vicios, las falsas ilusiones…
Cristo es el alfarero al que hay que pedirle que cuando nuestra vida esté rota nos coloque de nuevo en el torno de su misericordia y con sus manos vaya moldeando la paz en nuestra vida.
Cristo es el alfarero que guía con sus dedos comprensivos e indulgentes el camino de nuestra vida; el que mientras da forma al cuenco de nuestra vida, un cuenco quebradizo, frágil y delicado, sabe poner serenidad a nuestro corazón orgulloso.
Cristo es el que pone el sello de su nombre en la base de su obra para que uno no olvide nunca que somos una obra de sus manos creadoras y que, aunque queramos volar tantas veces por nuestra cuenta, nuestro vuelo se queda a medio camino quebrándonos los huesos al darnos contra el suelo.
Y, entonces, ese alfarero bondadoso, vuelve a coger su obra agrietada y crea con el barro de sus manos un vaso nuevo.

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¡Señor, soy de barro, moldéame siempre para hacerme una vasija hermosa! ¡Te pido, Señor, por mi insensibilidad y rutina, por mis dudas y desconfianzas, por mis cansancios y miedos, por mis cobardías a la hora de vivir como cristiano! ¡Perdón, Señor, por mi falta de testimonio, por mi búsqueda de seguridades, por mi escasa relación contigo! ¡Perdón, Señor, por mis desánimos y desencantos, por mi tristeza y pesimismo, por mis impaciencias y prisas, por mis aturdimientos! ¡Perdón, Señor, por mis rebajas a tus promesas, por mi ceguera a los signos de los tiempos, por mi falta de compromiso! ¡Perdón, Señor, por el cinismo de mis relaciones humanas, por la pequeñez y dureza de mi corazón, por mis violencias y enemistades! ¡Perdón, Señor, por mi insolidaridad con los hermanos, por mi egoísmo y ansia de poseer, por mis injusticias individuales y colectivas, por mi insensibilidad ante el dolor de los demás! ¡Pero tu, Señor, puedes moldear de nuevo esta vasija vieja y hacer un vaso nuevo! ¡Es lo que te pido hoy, Señor!

Tu mi alfarero, cantamos hoy con la hermana Glenda:

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Un comentario en “Cuencos frágiles y quebradizos

  1. Gracias PADRE AMADO por AMARME TANTO!!! aún pese a mis infidelidades, mis terquedades, mis iniquidades, mis rebeldías…
    Quiero ser VASO NUEVO, por favor toma mi existencia y empieza otra vez, no te canses de mí SEÑOR, te lo suplico, sin TÍ soy NADA, sin TÍ no hay ILUSIÓN, sin TÍ mi camino se vuelve TURBIO!!!
    Te AMO DIOS, te AMO MUCHO y gracias por AMARME…
    Feliz y bendecido día.

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