Tengo una responsabilidad

Ante el Sínodo de la Familia que estos días se celebra, oración. Oración para que el Espíritu Santo ilumine a la Iglesia en un evento tan relevante. Me planteaba también qué puedo hacer yo, laico y padre de familia, para contribuir además de mi plegaria. Evangelizar. Evangelizar en mi hogar, en mi pequeña y a la vez grandiosa iglesia doméstica. Mi principal tarea como padre es educar a mis hijos y, fundamentalmente, transmitirles mi fe para que, a través de ella, conformen su vida de acuerdo con los planes de Dios. Si Cristo está en el centro de mi hogar yo debo convertirme en un evangelizador de mi familia, con mi testimonio de amor a mi mujer, mi compromiso con la Iglesia y con la sociedad.
Mis hijos —alguna ya universitaria, otros unos imberbes escolares—, son las generaciones del cristianismo futuro. Ellos han recibido la gracia del Bautismo y como merecedores de esa gracia tienen la necesidad de descubrir, experimentar y vivificar el sentido de su propia existencia y de su pertenencia a la comunidad cristiana.
Mi apostolado familiar se resume en hacerles descubrir la llamada a su santidad en su entorno universitario, escolar, social, familiar… No puedo permitir que la carcoma que corroe la sociedad de hoy debilite los valores del Evangelio en mis hijos. No puedo aceptar que el relativismo ético, la ausencia de moral, la debilidad de la conciencia, el abandono de la Verdad… hagan mella en su corazón. No puedo ceder ante el que vayan pasando la vida porque los tiempos han cambiado porque si bajan el listón acabarán dejándose llevar por la nueva moral, por el egoísmo, por la frivolidad, por la superficialidad, por las apariencias… Los jóvenes de hoy, como los padres, corremos el peligro de dejarnos llevar. Eso ocurre por nuestra falta de vida interior y de una formación esmerada. La crisis moral que vive nuestra sociedad está provocada por la visión equivocada de nuestros principios. Los padres cristianos tenemos la obligación moral de educar a nuestros hijos en la fe, en el amor a la Eucaristía, en la oración, en el encuentro con Cristo y de María, en el rezo del Rosario, en el descubrimiento ilusionante del misterio de Dios.
¿Si Dios no está presente entre los muros de la vida familiar cómo calará en el corazón de nuestros hijos la fe?

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¡Señor, quiero pedirte hoy por la Iglesia, por Tu Iglesia, para que sea capaz de anunciar con valor y alegría los planes de Dios sobre la vida, el matrimonio y la familia! ¡Señor, te pido por mis hijos y los de todos los lectores de esta meditación, para que sean capaces de vivir una vida de fe, y alcancen gradualmente la madurez para avanzar por la vida, para formar una vida santa o, incluso, una vida consagrada a Ti! ¡Señor, por todos los esposos, que seamos capaces de nutrirnos cada día de la fuerza de Tu Cruz, para convertirnos en signos vivos de Tu amor por la Iglesia! ¡Señor, te pido de corazón por aquellos matrimonios que están pasando situaciones de dificultad, para que con la ayuda del Espíritu Santo puedan recorrer un camino gradual de fe y de reconciliación! ¡Señor, concédenos a todas las familias el imitar las virtudes de Tu Sagrada Familia, para con alegría podamos seguir tus designios en el seno de nuestra comunidad familiar!

Del compositor italiano Antonio Lotti disfrutamos del aria de su Cantata Ti sento, o Dio bendato“:

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