Conmemoración de los difuntos

Hoy mi corazón se siente muy cerca de los fieles difuntos que duermen ya el sueño de la paz. Mi oración especial es por ellos y le pido a Dios que les haya abierto la puerta del cielo. ¡Qué importante es vivir una relación con los difuntos en la verdad de la fe! Una de nuestras certezas es que al igual que Jesucristo ha muerto en la Cruz y resucitó al tercer día también el Dios que ha creado a los hombres los llevará con él después de su muerte.
Nuestra sociedad tiene miedo a la muerte pero es imprescindible evangelizar su realidad y dar testimonio de la vida eterna desde la perspectiva de la fe cristiana. Es parte de nuestra tarea de evangelización.
Es un requisito indispenable de nuestro peregrinaje anhelar la vida eterna porque el horizonte de nuestra vida no es sólo disfrutar de la existencia terrena. Quien quiera ser feliz de verdad debe anhelar la vida en el cielo.
Hoy especialmente, pero también mañana, y pasado, y el de más allá es necesario rezar por la almas peregrinas que van camino del cielo a la espera del encuentro completo con el Señor. Las almas del purgatorio, que esperan el tiempo para entrar en el cielo, son almas sufrientes que esperan esperanzadas el abrazo definitivo con el Padre y la visión beatífica de Dios. No sólo es un gesto de caridad hacia ellas sino un acto de confianza pleno en Dios que nos salva del pecado con el sacrificio de su Hijo que cada día celebramos en la Eucaristía.
Con nuestra oración de hoy y en el recuerdo en las plegarias de cada día ayudaremos a purificar después de la muerte el alma de ese ser querido difunto que yace en la tumba de un cementerio pero permanece viva en lo más profundo de nuestro corazón.

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Mi plegaria de hoy no es fruto de mi oración sino que ha sido tomada de una oración del Papa Francisco por los difuntos:
Dios de infinita misericordia, confiamos a tu inmensa bondad a cuantos han dejado este mundo hacia la eternidad, donde tú esperas a la humanidad entera, redimida por la sangre preciosa de Cristo, muerto en rescate por nuestros pecados. No mires, Señor, tantas pobrezas, miserias y debilidades humanas con las que nos presentaremos ante el tribunal para ser juzgados para la felicidad o la condena. Levanta sobre nosotros tu mirada piadosa que nace de la ternura de tu corazón, y ayúdanos a caminar en el camino de una completa purificación. Que ninguno de tus hijos se pierda en el fuego eterno del infierno, donde ya no puede haber más arrepentimiento. Te confiamos Señor las almas de nuestros seres queridos, de las personas que han muerto sin el consuelo sacramental, o no han tenido manera de arrepentirse ni siquiera al final de su vida. Nadie haya de temer encontrarte, después de la peregrinación terrenal, en la esperanza de ser acogidos en los brazos de tu infinita misericordia. La hermana muerte corporal nos encuentre vigilantes en la oración y llenos de todo el bien hecho en el curso de nuestra breve o larga existencia.Señor, que nada nos aleje de ti en esta tierra, sino que en todo nos sostengas en el ardiente deseo de reposar serena y eternamente en Ti. Amén.

En este día de difuntos que nos recordamos de aquellos que nos dejaron huella escuchamos el Introito del Requiem del compositor Maurice Duruflé basado en los temas gregorianos de la Misa de Difuntos:

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