Lo bueno que hay en mi… benignidad de Dios

“Orgullo”. Dolorosa palabra. En mi oración esta palabra resuena con fuerza en mi interior. Me vienen de manera recurrente los consejos de San Pablo invitándonos a revestirnos de humildad. La humildad, medicina contra el orgullo, nos inclina a refrenar el deseo desordenado de la propia excelencia; nos coloca en nuestro sitio, ofreciéndonos el conocimiento preciso de nosotros mismos, de nuestra miseria y pequeñez, fundamentalmente delante de Dios.
No es cuestión de no valorar lo positivo que tenemos o de creernos peores de los que somos pues esto sería ingratitud no humildad. Veamos lo bueno que hay en nosotros, pero no nos orgullezcamos de ello porque todo es consecuencia de la pura benignidad del Señor en nuestra vida.

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¡Señor, que no me atreva a juzgar a los demás ni a compararme con nadie, pues no sé que puede estar ocurriendo en su interior! ¡Que no me crea, Señor, más que los demás buscando la estima y el halago! ¡Señor, que me sea fácil reconocer que no soy nada ante Ti y que debido a mis pecados, mis caídas y mis faltas, no presuma de mi mismo ni ante mis semejantes ni siquiera en mi interior! ¡Señor, dame la verdadera humildad para aceptar la humillación y la crítica! ¡Que aprenda de Ti y de Tu Madre, Señor, modelos perfectos de humildad! ¡Señor, gracias por los beneficios que me concedes, regalo venido de tu mano porque no los merezco y son producto de tu amor y misericordia! ¡Hazme valorar en los demás los dones naturales y sobrenaturales que Tu les has dado, alegrándome de ello! ¡Ayúdame a no fijarme en sus defectos y en su defecto ayúdame a excusarlos siempre, salvando al menos su buena intención! ¡Señor, hazme ver de corazón mis propios defectos; que el reconocimiento de mi propia miseria no traicione el amor que tienes hacia mi! ¡Ayúdame a aceptar la ingratitud, el olvido y el desprecio con el que tal vez me traten los demás! ¡Haz, Señor, que mi humildad sea siempre sincera, evitando hablar demasiado de mi, ni utilizar mis cualidades para lucir y ganar estima y respeto, sino para hacer el bien! ¡Hazme ser celoso de la buena fama!

Acompañamos la meditación con esta bella A solis ortu de Vivaldi:

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