Sin la luz de Dios, ¿qué soy?

¿Por qué fue la Luz lo primero que creó Dios?. Es cierto, antes que el sol y las estrellas se dio la Luz. De hecho el sol es sol y las estrellas son estrellas porque Dios es la Luz. Tal vez porque la Luz representa la alegría de todas las cosas; simboliza lo que es bello, bueno y saludable. Era la mejor forma que Dios tenía de entregarnos la gracia de su Amor.
¿Dónde está radicada la bondad de la Luz? En la voluntad que tiene Dios de darse a conocer a cada uno de nosotros. ¡Qué maravilla pensar que esa luz de Dios que brilló desde el inicio de la Creación representa Su mismo amor! ¡Qué emocionante es saber que desde ese momento el Amor es lo único que ilumina nuestro caminar en la tierra! ¡Qué impresionante es sentir que ese Amor destierra de mi corazón las tinieblas del pecado y la oscuridad de mis relaciones torcidas con los demás! ¡Qué enseñanza comprender que es el Amor el que me posiciona en mi pequeñez y me permite saber quien soy en realidad! ¡Qué valores, principios y actividades ennoblecen mi sinuoso caminar temporal y me hacen crecer como imagen y semejanza de Dios!
Sin la Luz del Amor de Dios no soy más que un pobre ciego temeroso incapaz de regresar a su hogar. Ya lo exclama el Salmo: El Señor es mi Luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
La profundidad de nuestro ser está iluminada por la generosa acción creadora de Dios. La luz que da sentido y gozo a nuestra existencia se mueve siempre de dentro afuera.

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¡Cuántas veces, Señor, me equivoco trágicamente al no buscar la luz de los acontecimientos y las personas, guiados por la propia Luz interior? ¡¿Cuántas veces, Señor, la luz exterior -la que ilumina la verdad, la bondad y la hermosura de las cosas que han sido creadas por Ti- no se me revela con todo la fuerza de su poder, felicidad y realización personal, porque soy incapaz de mirar iluminado desde mi interior?! ¡¿Y cuántas veces, Señor, la luz natural que vislumbro en quienes me rodean me ciega, y no me entrego a ellas con los ojos cerrados, sin razonamientos estériles y sin buscar lo que Tu, mi Dios, me pides a través de sus bondades, acciones y formas de lo que en ellas hay de Ti para mi por mi miseria y mi pequeñez?! ¡Dame, Señor, esa Luz interior que me permita captar la luz y la bondad de todas las cosas! ¡Dame, Señor, la capacidad de ver el mundo como lo ves siempre Tu, desde la perspectiva divina, y que sea capaz de amar todas las cosas y a todas las personas como Tu las amas! ¡Quiero, Padre, que Tu Amor sea la verdadera Luz de mi vida! ¡Ayúdame, María, a mirar con esos ojos iluminados de Amor, para amar como tu amas y tener limpieza de corazón para ver en todo a Dios!

Para darle un poco de luz a esta meditación porque no escuchar el Claro de Luna de Debussy, bellísima pieza para piano del compositor francés:

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