Tal como soy

Entré el viernes en una librería husmeando novedades. Entre los libros que pueblan las estanterías hay uno que se titula Tal como somos. En la contraportada el autor invita a atreverse a comprender las suposiciones ocultas que gobiernan nuestra vida para cuestionar nuestro yo y ser felices. Y me quedo meditabundo. En nuestra vida todo es gracia. No es tal como somos, ni como otros quieren que seamos. De lo que se trata es ser según la gracia de Dios.
Ser tal como somos por la gracia de Dios abre un mundo de inmensas oportunidades. Es convertirse en discípulos de la Verdad, entregados al servicio por amor; anunciar a Jesús con el testimonio de nuestra vida; cuidar a los que tenemos cerca aplicando la caridad, el amor y la generosidad; consolar al que sufre; compartir lo más preciado que tenemos no las migajas de lo que nos sobra; ahuyentar la hipocresía, la falsedad y las máscaras que nos trastornan; desprenderse de la apariencia de bondad reconociendo nuestra pequeñez evitando ensalzar nuestra vida de oración a veces tan farisaica; evitar engañar nuestra vacuidad para engañar también a los demás; ser auténticos en la verdad; aceptar nuestros defectos, nuestras caídas y nuestro pecado con la voluntad de mejorar y vivir en la gracia; convertirse en verdaderos templos del Espíritu Santo; administrar nuestro dolor y nuestro sufrimiento para no convertirlo en el centro del universo sino en un acto de amor y misericordia de Dios; admirarnos ante la grandeza de ese Padre creador y dar gracias por los milagros cotidianos que opera cada día en nuestra vida.
La lista podría ser interminable pero basta para comprender que en nuestro interior no hay suposiciones ocultas que gobiernan nuestra vida, porque aunque soñemos con lo imposible el Señor esculpe nuestra vida y penetra en nuestro interior si le dejamos entrar. ¡Gracias, Padre, por estar siempre ahí!

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¡Señor, en este día, te pido la ayuda para mirar con amor y generosidad a todas las personas que me rodean, a mirar con respeto las cosas que se presentan a mi alrededor! ¡Ayúdame, Padre de bondad, a descubrir que todo lo que hago es porque me lo inspiras tu y que lo que los demás hacen puede ser un signo de tu presencia entre nosotros! ¡Señor, ayúdame a rechazar el mal en mi corazón, a expulsar lo negativo de mi vida que tantas veces me impide ser feliz y vivir en paz! ¡Señor, ayúdame a descubrir en todas las personas los signos de tu presencia! ¡Ayúdame, Padre, a no encerrarme en mi mismo, en mi mundo pequeño y estéril, a no sentirme superior a nadie, a no despreciar a los demás, a saber compartir y, sobre todo, a disfrutar de tu amistad! ¡Señor, que sepa apreciar tu gracia! ¡Me acerco a Ti, Señor, a las puertas del perdón para que tengas misericordia de mi que soy un miserable pecador!

Con la sublime voz de Magdalena Kozena disfrutamos hoy de esta bella Languet anima mea del compositor italiano Francesco Bartolomeo Conti:

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